Naturaleza

El calentamiento global

Por efecto del calentamiento global, unos 125 lagos del Ártico han desaparecido en las últimas décadas. No se secaron por evaporación ni porque dejara de llover: en muchos…

Por efecto del calentamiento global, unos 125 lagos del Ártico han desaparecido en las últimas décadas. No se secaron por evaporación ni porque dejara de llover: en muchos casos, simplemente se les fue el suelo por debajo. Es uno de los procesos más silenciosos y menos intuitivos del cambio climático, y ocurre justo en la región que se está calentando más rápido del planeta.

Lagos que se vacían hacia abajo

Buena parte del Ártico se asienta sobre permafrost, un suelo permanentemente congelado que puede tener decenas o cientos de metros de espesor. Ese hielo actúa como una capa impermeable: el agua del deshielo estacional no puede filtrarse y queda retenida en superficie, formando miles de lagos poco profundos.

Cuando el permafrost se calienta y empieza a descongelarse, el sello se rompe. El agua encuentra grietas y conductos por los que drenar hacia el subsuelo, y el lago se vacía como una bañera a la que le quitan el tapón. En algunos casos documentados el proceso es sorprendentemente rápido: cuestión de días o semanas.

La paradoja de los lagos árticos

Hay un matiz que conviene entender. En las zonas donde el permafrost todavía es continuo y estable, el deshielo superficial crea más lagos y los existentes crecen, porque hay más agua líquida disponible. En las zonas donde el permafrost ya se está degradando en profundidad, ocurre lo contrario: los lagos se drenan y desaparecen.

Es decir, el mismo fenómeno produce efectos opuestos según la fase en la que se encuentre cada región. Los lagos que se pierden son la señal de que la degradación ha pasado a un estadio más avanzado.

Por qué el Ártico se calienta más rápido

La región polar norte se calienta a un ritmo bastante mayor que la media global, un fenómeno conocido como amplificación ártica. Las causas principales son varias y se refuerzan entre sí:

  • Pérdida de albedo: el hielo y la nieve reflejan la luz solar; el agua y el suelo desnudo la absorben. Menos hielo significa más calor retenido, lo que a su vez derrite más hielo.
  • Menor mezcla vertical: la atmósfera ártica es muy estable, así que el calor extra se concentra cerca de la superficie.
  • Transporte de calor: corrientes oceánicas y atmosféricas llevan energía desde latitudes más bajas hacia el norte.

El resultado acumulado se refleja en los registros de temperatura: cada nuevo balance confirma que vivimos en una de las décadas más calientes registradas.

Consecuencias más allá del paisaje

La desaparición de un lago ártico no es solo una pérdida estética. Estos cuerpos de agua son piezas centrales de un ecosistema entero.

  • Sirven de zona de cría para aves migratorias que recorren miles de kilómetros hasta el Ártico cada verano.
  • Sostienen poblaciones de peces de los que dependen comunidades indígenas.
  • Alimentan la vegetación de tundra que estabiliza el suelo.

El carbono que estaba congelado

La consecuencia más inquietante es invisible. El permafrost contiene enormes cantidades de materia orgánica que lleva milenios congelada sin descomponerse. Al descongelarse, los microorganismos empiezan a procesarla y liberan dióxido de carbono y metano a la atmósfera.

Ese gas adicional calienta más el clima, que a su vez descongela más permafrost. Es un bucle de retroalimentación que preocupa especialmente porque, una vez pasado cierto punto, no depende ya de lo que hagamos: se autoalimenta.

La fauna también se mueve

Los seres vivos responden antes de que lo hagan los mapas. Muchas especies están desplazando su área de distribución hacia el norte o hacia mayor altitud buscando las condiciones a las que están adaptadas; se ha documentado, por ejemplo, cómo el cambio climático empuja a las ardillas a vivir a más altitud. Cuando la especie no puede desplazarse porque ya está en el límite geográfico, la alternativa es la desaparición local.

Contexto: mucha agua dulce en juego

Las latitudes altas del hemisferio norte concentran una proporción desmesurada del agua dulce superficial del planeta. De hecho, más de la mitad de todos los lagos del mundo se encuentran en un solo país, Canadá, precisamente por su historia glaciar y su suelo helado. Cualquier alteración del permafrost en esa franja tiene consecuencias hidrológicas a escala continental.

En el otro extremo del planeta, los cambios también son visibles: basta comparar los registros históricos de la costa antártica y su enorme extensión para comprobar que los polos son los termómetros más sensibles que tenemos.

Conclusión

125 lagos desaparecidos parece una cifra pequeña frente a los millones que existen en el Ártico. Su importancia no está en el número, sino en lo que anuncian: el suelo congelado que sostiene toda esa región está perdiendo su solidez. Y cuando el suelo cede, no solo se van los lagos.

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