Está probado que el cigarro es la mayor fuente de investigaciones y estadísticas. Puede sonar a broma, pero tiene mucho de verdad: pocos productos de consumo han sido estudiados con tanta insistencia, desde tantos ángulos y durante tanto tiempo como el tabaco. Medicina, epidemiología, economía, psicología, química, sociología y hasta derecho han dedicado décadas de trabajo a entender qué hace el cigarrillo, a quién afecta y cómo conseguir que la gente deje de fumar.
Por qué se investiga tanto el tabaco
La explicación es simple: el tabaco es, según la Organización Mundial de la Salud, la principal causa evitable de muerte en el mundo. Se calcula que provoca alrededor de ocho millones de muertes al año, incluyendo las de fumadores pasivos. Con más de mil millones de fumadores en el planeta, cualquier avance en la comprensión del hábito tiene un impacto enorme en la salud pública.
A eso se suma que el cigarrillo está relacionado con decenas de enfermedades distintas: cáncer de pulmón, de boca, de laringe, de vejiga y de páncreas; infartos y accidentes cerebrovasculares; bronquitis crónica y enfisema; problemas de fertilidad; envejecimiento de la piel, y un largo etcétera. Cada una de esas relaciones ha necesitado sus propios estudios.
La historia de una investigación que cambió el mundo
Hasta mediados del siglo XX, fumar se consideraba normal e incluso elegante, y algunos anuncios llegaban a citar a médicos recomendando una marca u otra. El cambio empezó con dos trabajos publicados en 1950: uno en Estados Unidos, de Ernst Wynder y Evarts Graham, y otro en Reino Unido, de Richard Doll y Austin Bradford Hill. Ambos mostraron una relación clara entre fumar y el cáncer de pulmón.
Doll y Hill iniciaron después el llamado estudio de los médicos británicos, que siguió a decenas de miles de doctores durante más de cincuenta años. Sus resultados demostraron que los fumadores viven, en promedio, unos diez años menos que los no fumadores, y que dejar de fumar antes de los 40 años recupera casi toda esa esperanza de vida.
En 1964, el informe del Cirujano General de Estados Unidos declaró oficialmente que fumar causa cáncer. A partir de ahí llegaron las advertencias en los paquetes, las restricciones a la publicidad y, mucho más tarde, las prohibiciones de fumar en lugares cerrados.
Todo lo que se mide sobre el cigarrillo
La cantidad de datos que se recogen sobre el tabaco es asombrosa. Algunos ejemplos de lo que se investiga y contabiliza de forma continua:
- Consumo: cuántas personas fuman en cada país, a qué edad empiezan, cuántos cigarrillos al día y qué diferencias hay entre hombres y mujeres.
- Composición: el humo contiene miles de compuestos químicos, y se han identificado varias decenas de sustancias cancerígenas.
- Salud: tasas de cáncer, enfermedades cardíacas y respiratorias entre fumadores, exfumadores y no fumadores.
- Economía: el gasto sanitario atribuible al tabaco, la pérdida de productividad y la recaudación por impuestos.
- Políticas: qué medidas funcionan mejor para reducir el consumo, desde subir los precios hasta el empaquetado neutro.
- Cesación: eficacia de parches, chicles, fármacos y programas de apoyo para dejar de fumar.
Hasta la industria tabacalera realizó durante décadas sus propias investigaciones, muchas de ellas secretas, que salieron a la luz en los grandes juicios de los años noventa en Estados Unidos y que confirmaron que las empresas conocían los efectos adictivos de la nicotina mucho antes de admitirlo públicamente.
Un laboratorio para la ciencia de la conducta
El cigarrillo también ha servido para estudiar cómo funciona la adicción. La nicotina llega al cerebro en pocos segundos tras cada calada y activa los circuitos de recompensa, lo que explica por qué es tan difícil dejarlo. Gracias a esas investigaciones se han desarrollado terapias que hoy se aplican a otras dependencias.
Los psicólogos y economistas, por su parte, han usado el tabaco para entender cómo reacciona la gente a las advertencias, a los precios y a la presión social, un conocimiento que después se ha trasladado a campañas sobre alcohol, alimentación o seguridad vial.
Otros datos curiosos relacionados
La palabra «estadística» y el tabaco tienen otra conexión curiosa: uno de los padres de la estadística moderna, Ronald Fisher, fumador empedernido, negó durante años que el cigarrillo causara cáncer y defendió que la relación podía deberse a factores genéticos. El tiempo demostró que estaba equivocado.
Y aunque el tabaco sigue siendo el producto más estudiado, en los últimos años los cigarrillos electrónicos han empezado a generar su propia avalancha de investigaciones, con el mismo debate de fondo: qué efectos tienen a largo plazo y si ayudan o no a dejar de fumar.