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Consumo de café

Cuando se habla de consumo de café, hay un país que destaca por encima de todos los demás: Noruega. Sus habitantes consumen una media cercana a los 10,7…

Cuando se habla de consumo de café, hay un país que destaca por encima de todos los demás: Noruega. Sus habitantes consumen una media cercana a los 10,7 kilogramos de café al año por persona, una cifra que los coloca en el primer puesto del ranking mundial. Para poner esa cantidad en perspectiva: hablamos de varias tazas diarias sostenidas durante todo el año, todos los años.

Los noruegos, campeones del café

Los primeros puestos de esta clasificación suelen estar copados por países nórdicos: junto a Noruega aparecen habitualmente Finlandia, Islandia, Dinamarca, Suecia y los Países Bajos. Es un patrón geográfico demasiado claro como para ser casualidad.

La explicación más repetida combina tres factores. El primero es el clima: en latitudes altas, con inviernos largos y muy pocas horas de luz, una bebida caliente y estimulante tiene un atractivo evidente. El segundo es cultural: el café se instaló como bebida social por excelencia, presente en el trabajo, en las visitas y en cualquier reunión. El tercero es económico: son países con alto poder adquisitivo, donde el precio del café no es un obstáculo para el consumo diario.

Cómo se toma el café en Noruega

El estilo noruego tiene sus particularidades. Predomina el café de filtro, ligero de cuerpo y de tueste más claro que el habitual en el sur de Europa. Ese tueste claro conserva más acidez y matices frutales, y se bebe en tazas grandes a lo largo de toda la jornada, no en dosis concentradas como el espresso.

Esa costumbre explica en parte el volumen: quien toma café de filtro consume bastantes más gramos de grano que quien toma dos espressos cortos. También existe una tradición rural de café hervido, muy fuerte, que todavía se conserva en algunas zonas.

¿Los que más café toman son los que menos duermen?

Es la pregunta inevitable, y la respuesta no es tan directa como parece. El café afecta al sueño porque la cafeína bloquea los receptores de adenosina, la molécula que se acumula durante el día y genera la sensación de somnolencia. Pero hay matices importantes:

  • Tolerancia: el consumo habitual reduce el efecto percibido. Quien lleva años tomando varias tazas diarias nota mucho menos la activación que alguien ocasional.
  • Vida media: la cafeína tarda varias horas en eliminarse, así que lo que más influye no es la cantidad total, sino la hora de la última taza.
  • Genética: existen diferencias individuales notables en la velocidad de metabolización, lo que hace que unas personas toleren un café después de cenar y otras no.

En la práctica, los países nórdicos no destacan por dormir mal. El sueño depende mucho más de los horarios, la luz y el estrés que del café en sí. Eso sí, conviene recordar que la falta de sueño puede ser más peligrosa que el hambre, así que usar el café para tapar un déficit crónico de descanso es un mal negocio a medio plazo.

El día en que peor se duerme

Un dato relacionado y bastante extendido: la noche de domingo a lunes es la que menos se duerme. La combinación de horarios desplazados durante el fin de semana y la anticipación de la semana laboral produce un desajuste que muchos compensan, precisamente, con más café el lunes por la mañana.

Una bebida con siglos de historia

El café llegó a Europa relativamente tarde, y su recorrido previo es largo. Su cultivo y consumo se desarrollaron primero en la península arábiga, desde donde se extendió el hábito de tostar y moler el grano; puedes leer más sobre la historia del café y su difusión desde el mundo árabe. Los primeros cafés públicos funcionaron como centros de conversación, negocios y política, un papel que en cierto modo mantienen.

Curiosamente, los países que más lo consumen no son los que lo producen. El cultivo se concentra en la franja tropical, con Brasil, Vietnam, Colombia, Indonesia y Etiopía a la cabeza, mientras que el consumo per cápita más alto se da a miles de kilómetros al norte.

Cuánto café es razonable

Las recomendaciones habituales sitúan en torno a los 400 miligramos diarios de cafeína el límite prudente para un adulto sano, lo que equivale aproximadamente a tres o cuatro tazas, según la preparación. Por encima de esa cantidad aumentan la probabilidad de nerviosismo, palpitaciones, molestias digestivas e insomnio.

  • El café de filtro suele tener más cafeína total por taza que un espresso, porque el volumen es mayor.
  • Las mujeres embarazadas y las personas con arritmias o ansiedad deben moderar bastante más el consumo.
  • Añadir azúcar y nata cambia el perfil de la bebida: el café solo apenas aporta calorías.

Conclusión

Noruega encabeza el consumo mundial de café con unos 10,7 kilogramos anuales por persona, un récord que se explica por el clima, la cultura social y la costumbre del café de filtro. Que sean también los que mejor o peor duermen es otra historia, y depende de bastantes más cosas que del contenido de la taza.

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