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Los efectos de jet lag

Aterrizar tras un vuelo largo no significa haber llegado del todo. El cuerpo tarda aproximadamente 96 horas, es decir, unos cuatro días, en recuperarse por completo de los…

Aterrizar tras un vuelo largo no significa haber llegado del todo. El cuerpo tarda aproximadamente 96 horas, es decir, unos cuatro días, en recuperarse por completo de los efectos del jet lag. Durante ese tiempo el reloj interno sigue funcionando con el horario del punto de partida, aunque el reloj de la pared diga otra cosa.

Qué es exactamente el jet lag

El jet lag, o disritmia circadiana, aparece cuando cruzamos varios husos horarios en pocas horas. El organismo funciona con un ritmo interno de aproximadamente veinticuatro horas que regula el sueño, la temperatura corporal, la digestión y la producción de hormonas.

Ese ritmo se sincroniza sobre todo con la luz. Cuando un avión nos traslada seis o diez horas de diferencia en una sola noche, la luz exterior deja de coincidir con la señal interna y el cuerpo entra en conflicto consigo mismo: tiene hambre a las tres de la madrugada y sueño a media tarde.

Los síntomas más frecuentes

  • Insomnio nocturno y somnolencia diurna.
  • Fatiga persistente y dificultad para concentrarse.
  • Molestias digestivas, apetito desordenado o estreñimiento.
  • Irritabilidad y ánimo bajo.
  • Dolor de cabeza y sensación general de torpeza.

Por qué se necesitan cuatro días

El reloj biológico no se reajusta de golpe: se desplaza poco a poco, normalmente alrededor de una hora por día. Por eso un vuelo que cruza cuatro o cinco husos horarios deja secuelas durante varias jornadas, y las 96 horas aparecen una y otra vez como referencia para una recuperación completa.

Hay un matiz interesante: la dirección del viaje importa. Volar hacia el oeste alarga el día, y al cuerpo le resulta más fácil estirar su ritmo que acortarlo. Volar hacia el este obliga a adelantar el reloj interno, lo que suele producir un desajuste más molesto y prolongado.

Qué ocurre en el cerebro mientras tanto

El sueño no es un simple apagado. Durante la noche el cerebro consolida la memoria, regula las emociones y realiza tareas de mantenimiento celular; de hecho, el cerebro aumenta su actividad mientras dormimos en determinadas regiones profundas. Cuando el jet lag fragmenta el descanso, esos procesos quedan a medias.

De ahí la sensación de niebla mental típica de los primeros días en otro continente: no es solo cansancio, es un trabajo nocturno incompleto. Y el déficit se acumula rápido, porque la falta de sueño resulta más peligrosa para el organismo que la falta de comida.

Cómo acortar la recuperación

No existe una cura instantánea, pero sí hábitos que reducen el tiempo de adaptación de forma notable.

Antes de volar

  • Desplazar la hora de acostarse una hora por día en la dirección del destino, dos o tres días antes.
  • Llegar descansado: salir con sueño atrasado agrava todo lo demás.

Durante el vuelo

  • Beber agua con frecuencia; la cabina es un ambiente muy seco.
  • Moderar el alcohol y la cafeína, que fragmentan el sueño posterior.
  • Ajustar el reloj al horario de destino nada más despegar y comer según ese horario, aunque la comida de avión no ayude demasiado: ya explicamos por qué la comida del avión sabe tan mal.

Al llegar

  • Buscar luz natural en las horas correctas: por la mañana si viajaste al este, por la tarde si viajaste al oeste.
  • Evitar las siestas largas el primer día, aunque una breve de veinte minutos puede aliviar.
  • Hacer actividad física suave al aire libre.
  • Respetar los horarios de comida locales desde el primer momento.

Cuándo el jet lag no es un problema

Los viajes de norte a sur, aunque duren muchas horas, no producen jet lag si no cruzan husos horarios. Un vuelo largo hacia el sur puede dejar agotado por la inmovilidad y el aire seco, pero el reloj interno sigue intacto. Lo que desajusta no son los kilómetros, sino las horas.

También influyen la edad y los hábitos personales. Las personas con rutinas de sueño muy regulares suelen adaptarse mejor, y quienes ya duermen mal de base tienden a arrastrar los efectos durante más tiempo.

Lo esencial

  • La recuperación completa del jet lag lleva unas 96 horas.
  • El reloj interno se reajusta a razón de aproximadamente una hora por día.
  • Viajar hacia el este suele costar más que viajar hacia el oeste.
  • La luz natural en el momento adecuado es la herramienta más eficaz para resincronizarse.

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