El Błędowska es un área de más de 50 kilómetros cuadrados de dunas de arena situada en el sur de Polonia, en plena Europa central, muy lejos de cualquier desierto tradicional. Conocido popularmente como el «Sáhara polaco», este paisaje de arena fina y horizontes despejados sorprende a quien lo visita porque parece sacado del norte de África, aunque está rodeado de bosques, campos de cultivo y ciudades industriales.
Dónde está y cómo es
El desierto de Błędów (Pustynia Błędowska, en polaco) se encuentra en la región de Silesia, entre las localidades de Błędów, Chechło y Klucze, a poca distancia de Cracovia y de Katowice. Es la mayor acumulación de arenas movedizas de Europa central y se extiende a lo largo de unos diez kilómetros de este a oeste, dividida en dos por el río Biała Przemsza.
A diferencia de los desiertos cálidos, aquí el clima es templado y llueve con regularidad, por lo que la arena no está completamente seca. Aun así, en los días de verano la temperatura del suelo sube tanto que se han descrito espejismos, un fenómeno que uno no esperaría encontrar en Polonia.
La capa de arena es notablemente profunda, con espesores que en algunos puntos superan las decenas de metros, lo que explica por qué la vegetación tardó tanto en colonizar el terreno.
Un desierto creado por el hielo y por el ser humano
El origen del Błędowska combina dos fuerzas muy distintas. La primera es la geología: durante las glaciaciones, los glaciares que cubrían el norte de Europa arrastraron enormes cantidades de arena y grava, y al retirarse las dejaron depositadas en esta zona. Durante miles de años, un bosque cubrió ese lecho arenoso y lo mantuvo estable.
La segunda fuerza es la actividad humana. A partir de la Edad Media, la región se convirtió en un importante centro minero y metalúrgico, sobre todo de plata, plomo y zinc. Las fundiciones necesitaban enormes cantidades de madera para alimentar los hornos, y los bosques fueron talados de forma sistemática. Sin raíces que la sujetaran, la arena quedó al descubierto y el viento hizo el resto, formando las dunas que hoy conocemos.
Por eso los geógrafos lo describen como un desierto de origen antropogénico: no existiría, o al menos no con esta forma, sin la intervención de las personas.
Un campo de entrenamiento y de cine
El aspecto desértico del Błędowska ha sido aprovechado de maneras curiosas. Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán utilizó la zona para entrenar tropas y probar equipos, y suele contarse que sirvió para preparar unidades destinadas al norte de África. En la posguerra, el ejército polaco continuó empleándolo como polígono de maniobras, y todavía hoy una parte del terreno tiene uso militar.
El paisaje también ha atraído a productoras de cine y televisión que necesitaban escenarios de desierto sin viajar a otro continente, y es un destino habitual de aficionados a la fotografía, el senderismo y el vuelo en parapente.
Un ecosistema que se defiende de sí mismo
Paradójicamente, el mayor peligro para el Sáhara polaco es que deje de ser un desierto. Desde mediados del siglo XX, la vegetación ha ido avanzando sobre las dunas, en parte porque se plantaron pinos y sauces para fijar la arena. El área desértica se redujo mucho respecto a su extensión histórica, que en su momento de máximo alcance llegó a ser bastante mayor que la actual.
Para conservar este hábitat singular, que forma parte de la red europea Natura 2000, se han llevado a cabo proyectos de restauración que consisten en retirar árboles y matorrales para que las dunas vuelvan a quedar expuestas al viento. Aquí ocurre lo contrario que en la mayoría de los lugares del mundo: se lucha contra la reforestación para proteger la arena.
- Alberga especies de plantas e insectos adaptados a suelos arenosos que son raros en el resto de Polonia.
- Existen miradores y pasarelas de madera desde los que se contempla toda la extensión de dunas.
- La zona es un ejemplo de estudio sobre cómo la deforestación puede transformar por completo un paisaje.
Otros datos curiosos relacionados
- Europa cuenta con otros pequeños «desiertos»: el de Tabernas en Almería, España, donde se rodaron numerosos westerns, y el de Oleshky en Ucrania.
- El desierto más grande del planeta no es el Sáhara sino la Antártida, ya que la definición de desierto depende de la escasez de precipitaciones, no del calor.
- Las dunas de arena pueden desplazarse varios metros al año empujadas por el viento, y en algunos países llegan a sepultar carreteras y pueblos.