Janice Deveree, una mujer estadounidense del siglo XIX, ostenta uno de los récords humanos más singulares que existen: la barba más larga documentada en una mujer, que llegó a medir alrededor de 36 centímetros. Su caso, recogido en los registros de marcas curiosas, ilustra hasta qué punto la variabilidad del cuerpo humano puede desbordar lo que consideramos habitual.
Quién fue Janice Deveree
Deveree vivió en Estados Unidos en una época en la que las personas con características físicas poco comunes solían acabar exhibidas en espectáculos itinerantes. Su barba, cuidadosamente peinada, se convirtió en la razón de su fama y quedó registrada en fotografías y en las listas de récords que empezaban a compilarse entonces.
La medida de 36 centímetros no es una barba simbólica ni un vello facial llamativo: es una barba plena, comparable a la de muchos hombres adultos que la dejan crecer durante años.
El contexto de los «espectáculos de rarezas»
Durante el siglo XIX y buena parte del XX, las ferias ambulantes exhibían a personas con condiciones médicas poco frecuentes. Para algunas de ellas fue la única forma de ganarse la vida en sociedades que no ofrecían alternativas; para otras, una explotación evidente. Hoy esas prácticas resultan inaceptables, pero paradójicamente dejaron documentación gráfica de casos que de otro modo se habrían perdido.
Por qué una mujer puede desarrollar barba
El crecimiento de vello facial grueso depende de los andrógenos y, sobre todo, de la sensibilidad de los folículos a esas hormonas. Cualquier mujer produce andrógenos de forma natural; lo que varía es la cantidad y cómo responden los folículos. Cuando ese equilibrio se desplaza, aparece el hirsutismo, que puede tener causas muy diversas:
- Factores genéticos y étnicos: la densidad y el grosor del vello varían mucho entre poblaciones y familias.
- Síndrome de ovario poliquístico: la causa más frecuente de hirsutismo en mujeres en edad fértil.
- Alteraciones de las glándulas suprarrenales que aumentan la producción de andrógenos.
- Cambios hormonales de la menopausia, cuando desciende el estrógeno.
- Algunos medicamentos que estimulan el crecimiento del pelo.
En casos históricos como el de Deveree no es posible establecer un diagnóstico retrospectivo fiable, así que lo honesto es decir que se desconoce la causa concreta.
Un asunto de percepción social
Lo que convierte esta característica en un récord no es su rareza biológica absoluta —el hirsutismo leve es bastante común—, sino la norma cultural que asocia la barba exclusivamente con lo masculino. En sociedades distintas, o en otras épocas, el mismo rasgo habría recibido lecturas muy diferentes. Las llamadas «mujeres barbudas» ocuparon incluso un lugar en la iconografía religiosa medieval, con santas legendarias a las que se atribuía barba como signo de protección divina.
El lugar de este récord entre las curiosidades humanas
Este tipo de información forma parte de los datos curiosos que exploran fenómenos humanos inusuales, en la misma familia que otras marcas físicas extremas. Es el terreno de los hombres más tatuados del mundo, con el 99% del cuerpo cubierto de tinta, o del hombre más alto registrado en la historia, cuya estatura desafiaba los límites del esqueleto humano.
También comparte espacio con curiosidades de otros campos que nada tienen que ver con el cuerpo, como los hallazgos sobre los valles marcianos y el deshielo del planeta rojo o el origen de la expresión «jaque mate», que procede del persa y del árabe. Lo que une a todos estos datos es la misma reacción: la sorpresa ante algo que no encaja con lo que dábamos por supuesto.
Cómo se verifican estos récords
Las marcas corporales se miden con protocolos estrictos: la longitud de la barba se toma desde la base del folículo hasta la punta del pelo más largo, con testigos y documentación fotográfica. En casos históricos como este, la verificación depende de registros de época, lo que introduce cierto margen de incertidumbre. Por eso conviene tratar la cifra de 36 centímetros como el dato consignado por los registros, no como una medición moderna certificada.
Conclusión
La barba de 36 centímetros de Janice Deveree es mucho más que una anécdota de feria: es un recordatorio de que la biología humana funciona en un rango amplio y continuo, y de que lo que llamamos «normal» es, en buena medida, una convención estadística y cultural.