Naturaleza

¿Por qué mueren las abejas cuando pican?

Las abejas melíferas mueren cuando pican a una persona porque su aguijón queda anclado en la piel de la víctima y, al intentar alejarse, el insecto lo arranca…

Las abejas melíferas mueren cuando pican a una persona porque su aguijón queda anclado en la piel de la víctima y, al intentar alejarse, el insecto lo arranca de su propio cuerpo junto con parte del abdomen. Esa herida es mortal para la abeja, que suele morir en cuestión de minutos. Existe una fotografía muy difundida que ilustra exactamente ese momento: el aguijón clavado, unido todavía a un pequeño saco de veneno y a restos de tejido del insecto.

Un aguijón diseñado para quedarse dentro

La clave está en la forma del aguijón. El de la abeja obrera no es una aguja lisa, sino que está formado por dos láminas (llamadas lancetas) con pequeñas púas orientadas hacia atrás, parecidas a las de un anzuelo. Cuando la abeja clava el aguijón en una piel elástica y gruesa como la de un mamífero, esas púas se enganchan y ya no permiten retirarlo.

Al tirar para huir, el aguijón se desprende y arrastra consigo el saco de veneno, parte del aparato digestivo, músculos y nervios. Es lo que en el texto original se describe como una muerte desgarradora: literalmente, la abeja se desgarra el abdomen.

El aguijón sigue trabajando sin la abeja

Lo más sorprendente es que el aguijón separado del cuerpo sigue inyectando veneno durante un rato. Los músculos que lo acompañan continúan contrayéndose de forma refleja, bombeando el contenido del saco hacia la herida y clavando el aguijón cada vez más profundo.

Por eso se recomienda retirarlo cuanto antes, raspando con una uña o el borde de una tarjeta en lugar de pellizcarlo, para no apretar el saco y liberar más veneno.

Por qué la evolución permitió un sacrificio así

A primera vista parece un mal diseño: un arma que mata a quien la usa. Pero tiene sentido dentro de la lógica de la colmena. Las obreras son estériles y no dejan descendencia; su «éxito» biológico depende de que sobreviva la colonia y la reina. Una picadura que deja el aguijón clavado y bombeando veneno es una defensa mucho más eficaz contra un animal grande que una simple punción, y además libera feromonas de alarma que atraen a más abejas defensoras.

Dicho de otro modo: perder una obrera es un precio bajo si con ello se ahuyenta a un oso, un tejón o una persona que amenaza los panales.

No siempre muere la abeja

El desenlace fatal solo se produce cuando la abeja pica a mamíferos u otros animales de piel gruesa y elástica. Si pica a otro insecto, por ejemplo a una avispa que intenta entrar en la colmena, el aguijón atraviesa el exoesqueleto rígido y puede retirarse sin problemas. La abeja sobrevive y puede volver a picar.

Tampoco todas las abejas y avispas comparten este destino:

  • La reina tiene un aguijón más liso y puede picar varias veces; lo usa sobre todo contra otras reinas rivales.
  • Las avispas y avispones tienen aguijones sin púas pronunciadas y pueden picar repetidamente.
  • Los abejorros también pueden picar más de una vez, aunque rara vez lo hacen.
  • Los zánganos (machos) no tienen aguijón, ya que este es en realidad un ovipositor modificado y solo lo poseen las hembras.

Una abeja no quiere picarte

Dado el coste que supone, las abejas melíferas no pican por capricho. Normalmente solo lo hacen si se sienten aplastadas, si alguien manipula la colmena o si perciben feromonas de alarma de otras compañeras. Una abeja que se posa sobre una flor o sobre tu brazo no busca pelea. Los movimientos bruscos, los manotazos y los olores fuertes son los desencadenantes más habituales de una picadura.

Además, el veneno de abeja es una mezcla compleja de péptidos y enzimas, entre ellos la melitina, responsable del dolor y la inflamación. Para la mayoría de las personas la picadura es solo una molestia pasajera, pero en personas alérgicas puede provocar reacciones graves, por lo que conviene vigilar síntomas como hinchazón extensa o dificultad para respirar.

Otros datos curiosos relacionados

  • Una obrera vive unas pocas semanas en verano y, en ese tiempo, produce apenas una fracción de cucharadita de miel.
  • Las abejas se comunican la ubicación de las flores mediante la llamada «danza del ocho», un lenguaje corporal que indica dirección y distancia.
  • Una colmena sana puede albergar decenas de miles de abejas en pleno verano, casi todas obreras hembras.
  • Las abejas ven la luz ultravioleta, lo que les permite distinguir patrones en las flores invisibles para el ojo humano.

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