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Los taxis

La historia del taxi empieza mucho antes de lo que cualquiera imaginaría. Los primeros taxis fueron idea de Franz von Taxis, en el año 1504, cuando creó lo…

La historia del taxi empieza mucho antes de lo que cualquiera imaginaría. Los primeros taxis fueron idea de Franz von Taxis, en el año 1504, cuando creó lo que se considera la primera línea regular de coches de correo. Su servicio conectaba Holanda y Francia y transportaba de forma sistemática tanto correspondencia como pasajeros. Es decir: rutas fijas, horarios y tarifas, cuatro siglos antes del primer automóvil.

Quién era Franz von Taxis

Von Taxis pertenecía a una familia de origen italiano dedicada al transporte de mensajes, los Tasso, que castellanizaron su apellido como Taxis. A comienzos del siglo XVI recibió el encargo de organizar un servicio postal estable para la corte de los Habsburgo, y lo que montó fue mucho más que un correo de palacio.

El sistema funcionaba con postas: estaciones repartidas a lo largo de la ruta donde los caballos y los conductores se relevaban. Gracias a ese relevo, un envío podía viajar día y noche sin detenerse, algo impensable hasta entonces. Y ese mismo entramado permitía acomodar viajeros que pagaban por trayecto.

Lo que hizo revolucionario al invento

Antes de von Taxis, viajar largas distancias dependía de acuerdos privados: alquilar un carruaje, negociar con un arriero o unirse a una caravana. Lo que él introdujo fue el concepto de servicio regular, y ahí está el verdadero salto:

  • Una ruta establecida que siempre se recorría igual.
  • Frecuencias conocidas de antemano, no salidas improvisadas.
  • Una tarifa estipulada para cada tramo.
  • Una organización responsable del servicio ante quien lo contrataba.

Esas cuatro características son, literalmente, la definición moderna de transporte público. Todo lo que vino después —diligencias, ferrocarriles, autobuses de línea, taxis motorizados— es una variación tecnológica sobre el mismo esquema organizativo.

¿De dónde viene la palabra «taxi»?

Existe una coincidencia curiosa entre el apellido Taxis y el nombre del vehículo, y por eso a menudo se cita a Franz von Taxis como origen de la palabra. La explicación más aceptada entre los lingüistas, sin embargo, es otra: «taxi» es una abreviatura de taxímetro, el aparato que mide la distancia recorrida y calcula el importe, cuyo nombre procede de raíces que significan «tasa» y «medida».

Ambas historias, en todo caso, apuntan a lo mismo: lo que define al taxi no es el vehículo, sino el hecho de que el viaje tenga un precio calculado y transparente. La coincidencia entre el apellido del pionero y el nombre del oficio es uno de esos guiños que la historia deja de vez en cuando, como ocurre también con el curioso origen de la palabra jeep.

Del caballo al motor

El taxímetro llegó a finales del siglo XIX, y con él la profesionalización del oficio tal y como lo conocemos. Hasta entonces, el precio del trayecto se discutía con el cochero, con las discusiones previsibles. El aparato zanjó la negociación y permitió regular el servicio.

Poco después llegaron los primeros taxis a motor en las grandes capitales europeas, y con ellos la imagen que asociamos hoy al oficio: vehículos identificables, licencias, paradas y, más tarde, radiotaxis. El salto técnico fue enorme, pero la idea de fondo seguía siendo la de 1504.

El transporte urbano ha acumulado desde entonces un montón de innovaciones y rarezas que merecen su propio repaso, como recoge esta colección de datos curiosos sobre los automóviles.

Comunicar antes de las telecomunicaciones

Conviene recordar para qué existía originalmente aquella red: mover información. En una Europa sin telégrafo ni teléfono, la velocidad de un mensaje era la velocidad de un caballo, y quien controlaba las postas controlaba el flujo de noticias entre cortes, mercados y ejércitos.

La familia Taxis mantuvo ese monopolio postal durante siglos y acumuló una influencia política considerable gracias a él. No es exagerado decir que fueron los primeros operadores de comunicaciones de la historia europea moderna, con un papel equivalente al que más tarde tendrían las compañías telegráficas y sus códigos, como la historia del llamado de auxilio SOS ilustra en otro momento clave de las comunicaciones.

Una idea que sigue intacta

Lo asombroso del invento de von Taxis es lo poco que ha cambiado su esencia. Las aplicaciones de transporte del siglo XXI resuelven con algoritmos y geolocalización los mismos tres problemas que él resolvió con postas y caballos: quién lleva a quién, por qué ruta y a qué precio.

La tecnología cambió por completo; el modelo, en lo fundamental, no. Franz von Taxis no inventó un vehículo: inventó la idea de que el transporte podía ser un servicio organizado y accesible para cualquiera que pudiera pagarlo. Eso es lo que seguimos usando cada vez que levantamos la mano en la calle o abrimos una aplicación en el teléfono.

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