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Sanguijuelas

A principios del siglo XIX las sanguijuelas estuvieron en peligro de extinción. La causa no fue la contaminación ni la pérdida de hábitat, sino la medicina: solo Francia…

A principios del siglo XIX las sanguijuelas estuvieron en peligro de extinción. La causa no fue la contaminación ni la pérdida de hábitat, sino la medicina: solo Francia llegó a importar entre 30 y 40 millones de sanguijuelas al año para tratamientos médicos. La demanda fue tan brutal que las poblaciones europeas se desplomaron en apenas unas décadas.

La época dorada de la sangría

Para entender esas cifras hay que situarse en la medicina de la época. Durante más de dos mil años, la teoría dominante fue la de los cuatro humores: se creía que la salud dependía del equilibrio entre sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra, y que muchas enfermedades procedían de un exceso de sangre.

La solución lógica dentro de ese marco era extraerla. Se hacía cortando una vena o, de forma más controlada, aplicando sanguijuelas. Se recetaban para la fiebre, el dolor de cabeza, la inflamación, los trastornos mentales, la hipertensión y prácticamente cualquier dolencia sin explicación clara.

El furor francés

En la Francia de las primeras décadas del siglo XIX el método alcanzó una popularidad extraordinaria, impulsado por médicos muy influyentes que defendían la sangría intensiva como tratamiento casi universal. El consumo nacional se disparó hasta niveles que hoy resultan difíciles de imaginar, y las sanguijuelas autóctonas dejaron de bastar.

Se organizó entonces un comercio internacional en toda regla. Se importaban de Europa del Este y del norte de África, se criaban en estanques dedicados y aparecieron oficios específicos: los recolectores entraban en las charcas con las piernas desnudas y esperaban a que los animales se adhirieran a su propia piel.

Por qué funcionan tan bien como parásitos

La sanguijuela medicinal es un animal notablemente eficaz. Su saliva contiene una mezcla de sustancias que resuelven todos los problemas de alimentarse de sangre:

  • Un anticoagulante, la hirudina, que impide que la sangre se espese.
  • Un anestésico local que hace que la mordedura apenas se note.
  • Un vasodilatador que aumenta el flujo hacia la zona.

Ese cóctel explica por qué la herida sigue sangrando un buen rato después de que el animal se suelte, un detalle que los médicos de la época interpretaban como prueba de que el tratamiento estaba funcionando.

La caída y el regreso

A mediados del siglo XIX la teoría humoral se derrumbó. El avance de la microbiología, la teoría celular y las primeras estadísticas clínicas demostraron que la sangría no curaba y que, en muchos casos, debilitaba peligrosamente a pacientes que ya estaban graves. La demanda cayó casi tan rápido como había subido.

Lo curioso es que la sanguijuela nunca desapareció del todo de la medicina. Hoy tiene un uso reconocido y muy específico en cirugía reconstructiva y microcirugía: tras reimplantar un dedo o trasplantar un colgajo de piel, el drenaje venoso puede tardar en restablecerse y la sangre se acumula. Aplicar sanguijuelas alivia esa congestión y ayuda a salvar el tejido. La hirudina, además, sirvió de base para desarrollar anticoagulantes modernos.

Medicina antes de la evidencia

La historia de las sanguijuelas es un buen recordatorio de cuánto tiempo puede sostenerse una práctica médica sin pruebas de que funcione. No era charlatanería: la aplicaban los mejores especialistas del momento, con total convicción y siguiendo la mejor teoría disponible.

Ese patrón se repite a lo largo de la historia de la medicina, incluso en sus etapas más remotas. Resulta revelador comparar aquel siglo XIX con las normas que ya regulaban a los médicos en la antigua Babilonia, donde el ejercicio de la profesión tenía tarifas y castigos fijados por ley miles de años antes.

Lo que faltaba en ambos casos era el método experimental. Hoy sabemos que extraer sangre indiscriminadamente priva al organismo de oxígeno justo cuando más lo necesita, y existen umbrales claros sobre cuánta sangre puede perder una persona antes de entrar en riesgo vital. También entendemos mejor los mecanismos reales de la enfermedad, como la forma en que un virus invade nuestro cuerpo, algo impensable en la época de la teoría humoral.

Datos relacionados

  • La sanguijuela medicinal europea sigue considerándose una especie amenazada, consecuencia tardía de aquella sobreexplotación.
  • Puede ingerir varias veces su peso en sangre en una sola sesión.
  • Su uso en microcirugía está hoy regulado como producto sanitario.
  • La hirudina inspiró toda una familia de fármacos anticoagulantes.

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