Historia

Antonio López de Santa Ann

Antonio López de Santa Anna, uno de los personajes más controvertidos de la historia de México, organizó en 1842 un funeral de Estado para su propia pierna. No…

Antonio López de Santa Anna, uno de los personajes más controvertidos de la historia de México, organizó en 1842 un funeral de Estado para su propia pierna. No es una leyenda: la extremidad, amputada años antes, fue desenterrada, trasladada a la capital y sepultada con honores militares, discursos y desfile. Pocos episodios resumen tan bien la mezcla de vanidad y teatralidad que caracterizó al hombre que ocupó la presidencia del país en once ocasiones.

Cómo perdió la pierna

La historia comienza en 1838, durante la llamada Guerra de los Pasteles, un conflicto entre México y Francia originado, entre otras reclamaciones, por los daños sufridos por comerciantes franceses en el país (uno de ellos, un pastelero, dio nombre popular a la guerra).

Cuando las tropas francesas atacaron el puerto de Veracruz, Santa Anna acudió a defenderlo. Durante el combate, una descarga de metralla le destrozó la pierna izquierda, que tuvo que ser amputada por debajo de la rodilla. El general convirtió la herida en su mejor argumento político: se presentó como el héroe que había dado parte de su cuerpo por la patria, y esa imagen le ayudó a recuperar el poder que había perdido tras la derrota en Texas dos años antes.

El funeral de 1842

La pierna se enterró primero en su hacienda de Manga de Clavo, en Veracruz. Pero en 1842, de nuevo en la presidencia, Santa Anna decidió que merecía algo más solemne. Ordenó exhumarla y llevarla a la Ciudad de México, donde fue colocada en una urna y trasladada en procesión hasta el cementerio de Santa Paula.

La ceremonia tuvo todos los elementos de un funeral oficial:

  • Desfile militar y salvas de artillería.
  • Discursos de ministros y poemas dedicados a la pierna del «héroe de Veracruz».
  • Un monumento con columna, construido expresamente para albergar los restos.
  • Presencia del propio Santa Anna, que presidió el homenaje a su extremidad.

Para sus partidarios era un símbolo de sacrificio patriótico; para sus críticos, la demostración definitiva de que el presidente se había convertido en un culto a sí mismo.

Un final poco glorioso

El homenaje duró poco. En 1844, cuando el descontento popular contra Santa Anna estalló en la capital, una multitud asaltó el cementerio, desenterró la pierna, la sacó del monumento y la arrastró por las calles al grito de «¡Muera el cojo!». La misma extremidad que dos años antes había recibido honores de Estado terminó destrozada por la turba, y el general tuvo que abandonar el poder y marchar al exilio, algo que repetiría varias veces a lo largo de su vida.

La otra pierna: la prótesis capturada

La historia tiene un segundo capítulo. Durante la guerra entre México y Estados Unidos, en 1847, tropas de Illinois sorprendieron a Santa Anna en la batalla de Cerro Gordo. El general escapó a toda prisa, pero dejó atrás su carruaje, su comida y su pierna de madera y corcho.

La prótesis fue llevada a Estados Unidos como trofeo de guerra y hoy se exhibe en un museo militar del estado de Illinois. México ha solicitado su devolución en varias ocasiones, sin éxito, lo que la convierte en uno de los objetos más curiosos en disputa entre ambos países.

Quién fue Santa Anna

Nacido en Xalapa en 1794, Santa Anna fue militar desde joven y participó en casi todos los conflictos de la primera mitad del siglo XIX mexicano. Fue presidente en once periodos distintos, a veces durante solo unos meses, y pasó de liberal a conservador según convenía. Bajo su mando se produjo la independencia de Texas y, más tarde, la pérdida de más de la mitad del territorio nacional frente a Estados Unidos. Murió en la Ciudad de México en 1876, viejo, pobre y casi olvidado.

Otros datos curiosos relacionados

  • Santa Anna se hacía llamar «Su Alteza Serenísima» durante su último gobierno, un título más propio de la realeza que de un presidente republicano.
  • En su exilio en Nueva York, se dice que introdujo el chicle en Estados Unidos: llevó consigo bloques de esta resina natural, y el inventor Thomas Adams terminó fabricando con ella la primera goma de mascar comercial.
  • La pierna real y la prótesis no fueron sus únicas «reliquias»: durante décadas circularon objetos supuestamente suyos, desde sables hasta sillas de montar.

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