Alrededor del 63% de los dueños de una mascota duermen con ella. Es decir, casi dos de cada tres personas que comparten su casa con un perro o un gato también comparten la cama o, al menos, la habitación. Lo que durante mucho tiempo se consideró una mala costumbre se ha convertido en un hábito mayoritario y, según varios especialistas en sueño y en comportamiento animal, no siempre es tan problemático como se pensaba.
Por qué tantos dueños duermen con su mascota
La explicación no es solo sentimental. Hay al menos tres motivos que se repiten cuando se pregunta a los propietarios:
- Sensación de seguridad. Muchas personas duermen mejor sabiendo que el animal reaccionaría ante cualquier ruido extraño.
- Compañía y calor. El contacto físico reduce la sensación de soledad, sobre todo en personas que viven solas.
- Rutina del propio animal. Perros y gatos son criaturas de costumbres: si desde cachorros durmieron en la cama, exigirán seguir haciéndolo.
A esto se suma un cambio cultural profundo. En las últimas décadas, la mascota pasó de ser un animal utilitario —guardián, cazador de ratones— a ser considerada un miembro más de la familia. Ese salto de categoría explica que hoy duerma en el dormitorio y no en el patio.
El componente del vínculo
Los perros son animales sociales que en estado natural descansan en grupo. Dormir pegados al cuerpo de otro individuo es, para ellos, una conducta perfectamente normal de cohesión del grupo. Los gatos, aunque más independientes, buscan los puntos más cálidos y seguros de la casa, y una cama ocupada cumple ambos requisitos. Esa lógica de comportamiento se aprecia también en otros rasgos sorprendentes: incluso existen animales diestros y zurdos, con preferencias individuales tan marcadas como las nuestras.
¿Es bueno o malo para el descanso?
La respuesta honesta es: depende. Estudios sobre higiene del sueño han observado que la presencia de una mascota en el dormitorio puede tener un efecto tranquilizador, mientras que compartir la cama propiamente dicha sí tiende a aumentar los microdespertares, sobre todo con animales inquietos o de gran tamaño.
Los puntos a favor y en contra suelen resumirse así:
- A favor: reduce la ansiedad nocturna, aporta calor y ayuda a las personas que duermen solas a conciliar el sueño.
- En contra: interrumpe las fases profundas si el animal se mueve, puede agravar alergias respiratorias y arrastra pelo y suciedad exterior a la cama.
Una solución intermedia que recomiendan muchos veterinarios es mantener al animal en la habitación pero en su propia cama, en el suelo o a los pies. Se conserva el beneficio emocional sin las interrupciones.
Higiene: lo razonable y lo exagerado
El riesgo sanitario real es bajo si el animal está desparasitado, vacunado y se le limpian las patas al volver de la calle. Conviene lavar la ropa de cama con más frecuencia y evitar que duerman con bebés o con personas inmunodeprimidas. Fuera de esos casos, el temor suele ser mayor que el peligro. Eso sí, conviene recordar que hábitos aparentemente inocentes de los animales tienen explicaciones muy concretas: por ejemplo, la razón por la que los perros comen hierba no es la que la mayoría de la gente cree.
Diferencias según la especie y la raza
Los gatos suelen colocarse en zonas altas o cerca de la cabeza, buscando calor y un punto de observación. Los perros tienden a acomodarse en contacto directo con el cuerpo de su humano y a los pies de la cama. El tamaño importa: un perro grande ocupa espacio y genera bastante calor, algo agradable en invierno e incómodo en verano.
El temperamento también pesa. Las razas más activas y vigilantes se levantan ante cualquier sonido; las más tranquilas apenas se mueven en toda la noche. Si estás eligiendo animal y el descanso es prioritario, vale la pena conocer las características de las distintas razas de perros y sus particularidades antes de decidir.
En resumen
Que el 63% de los dueños duerma con su mascota dice menos sobre los animales que sobre nosotros: refleja hasta qué punto se han integrado en la vida doméstica. Si el animal está sano, la casa es limpia y nadie sufre alergias, compartir la habitación es una costumbre perfectamente defendible. Y si el sueño se resiente, basta con desplazar la cama del animal unos metros: el vínculo no se pierde por dormir en el suelo.