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Efectos de la Grasa Visceral

Esa "pancita cervecera" que muchos consideran inofensiva tiene un nombre médico: grasa visceral. A diferencia de la grasa que se acumula justo debajo de la piel, la visceral…

Ilustración médica que muestra la acumulación de grasa visceral (grasa abdominal interna) alrededor de los órganos en un torso humano.

Esa «pancita cervecera» que muchos consideran inofensiva tiene un nombre médico: grasa visceral. A diferencia de la grasa que se acumula justo debajo de la piel, la visceral se aloja en el interior del abdomen, rodeando órganos como el hígado, el páncreas y los intestinos. Y lejos de ser un simple depósito de energía, se comporta como un órgano activo que fabrica hormonas y sustancias inflamatorias capaces de alterar todo el organismo.

Qué es la grasa visceral y por qué es distinta

El cuerpo almacena grasa en dos grandes compartimentos. La grasa subcutánea es la que se puede pellizcar en brazos, muslos o cintura. La grasa visceral, en cambio, queda oculta tras la pared abdominal y no se ve ni se toca directamente, aunque sí se nota en el volumen del vientre.

La diferencia clave es su actividad metabólica. El tejido adiposo visceral produce más de 20 hormonas y prohormonas, muchas de las cuales interfieren con los receptores de insulina. Ese sabotaje continuo favorece la resistencia a la insulina y, con el tiempo, conduce directamente a la diabetes tipo 2.

Un órgano que fabrica hormonas e inflamación

Entre las sustancias que libera esta grasa destacan varias con efectos muy concretos:

  • Aromatasa: una enzima que convierte hormonas masculinas (andrógenos) en hormonas femeninas (estrógenos). En los hombres con obesidad abdominal, esto se asocia con menor testosterona disponible.
  • FNT (factor de necrosis tumoral) y otras citoquinas: moléculas inflamatorias que dañan por dentro las paredes de las arterias y aceleran la aterosclerosis.
  • Ácidos grasos libres: llegan al hígado a través de la circulación portal y se acumulan allí, dando lugar al conocido hígado graso no alcohólico.

El resultado global es que el cuerpo entra en un estado de inflamación crónica de bajo grado. Esa inflamación silenciosa es el terreno común de muchas enfermedades crónico-degenerativas: cardiovasculares, metabólicas, articulares e incluso algunos tipos de cáncer.

El «obeso de peso normal»

Uno de los mitos más extendidos es que basta con tener un peso adecuado para estar sano. No es así. Una persona puede marcar un número «normal» en la báscula y aun así tener exceso de grasa visceral. La medicina lo llama obesidad de peso normal, y el riesgo metabólico de estas personas es mayor que el de alguien con el mismo peso pero grasa mejor distribuida.

Por eso la circunferencia abdominal es un indicador tan útil, y a veces más revelador que el índice de masa corporal. Los valores de referencia habituales son:

  • En el varón, la circunferencia del abdomen no debería superar los 102 cm.
  • En la mujer, no debería superar los 88 cm.

Por encima de esas cifras, el riesgo de diabetes, hipertensión y enfermedad cardiovascular aumenta de forma clara.

Efectos que van más allá del metabolismo

La grasa visceral también tiene un efecto puramente mecánico. Al ocupar espacio dentro del abdomen, empuja el diafragma hacia arriba y limita su movimiento. El resultado es una mecánica ventilatoria deficiente: los pulmones no se expanden del todo, la respiración se vuelve más superficial y los tejidos reciben un flujo de oxígeno menos eficiente. Esto explica en parte la fatiga y la sensación de ahogo con esfuerzos pequeños.

En las mujeres, hay otro aspecto importante. Tras la menopausia, los ovarios dejan de producir estrógenos y el tejido adiposo se convierte en la principal fuente de estas hormonas gracias a la aromatasa. Cuando existe obesidad, esa producción extra de estrógenos aumenta la predisposición al cáncer de mama.

Por qué la liposucción no sirve

Muchas personas piensan que una cirugía estética puede resolver el problema. Sin embargo, no hay liposucción que extraiga la grasa visceral. Esta técnica solo actúa sobre la grasa subcutánea, la que está entre la piel y el músculo. La grasa que rodea los órganos queda fuera de su alcance.

La única forma conocida de reducirla es modificar el estilo de vida: alimentación equilibrada, menos azúcares y alcohol, actividad física regular (especialmente la aeróbica y la de fuerza), buen descanso y control del estrés. La buena noticia es que la grasa visceral responde bastante bien a estos cambios, a menudo antes de que la báscula lo refleje.

Otros datos curiosos relacionados

  • El hígado graso no alcohólico se ha convertido en una de las enfermedades hepáticas más frecuentes del mundo, ligada directamente a la obesidad abdominal.
  • El alcohol favorece especialmente la acumulación de grasa en el abdomen, de ahí la expresión popular «barriga cervecera».
  • Una cinta métrica casera es una herramienta más útil para vigilar la grasa visceral que muchas básculas de baño.
  • El sueño insuficiente altera hormonas como el cortisol y favorece el almacenamiento de grasa en la zona abdominal.

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