Cuerpo humano Salud

Huesos en el cuerpo humano

Nacemos con alrededor de 300 huesos, pero al llegar a la edad adulta solo contamos con 206. No es que perdamos piezas por el camino: lo que ocurre…

Nacemos con alrededor de 300 huesos, pero al llegar a la edad adulta solo contamos con 206. No es que perdamos piezas por el camino: lo que ocurre es que muchas de ellas se fusionan durante el crecimiento. El esqueleto de un recién nacido está diseñado para ser flexible y adaptable, y solo con el tiempo se convierte en la estructura rígida y definitiva del adulto.

Por qué un bebé necesita más huesos

El esqueleto infantil tiene dos exigencias que el adulto no tiene: pasar por el canal del parto y crecer muy deprisa. Ambas cosas se resuelven con un esqueleto parcialmente cartilaginoso y dividido en más piezas.

El caso más conocido es el cráneo. En el recién nacido está formado por varias placas óseas separadas por suturas flexibles y por las fontanelas, esos espacios blandos que los padres aprenden a reconocer. Esa disposición permite que la cabeza se moldee ligeramente durante el nacimiento y, después, que el cerebro crezca a gran velocidad sin encontrar una caja cerrada. Las fontanelas se cierran progresivamente durante los primeros dos años, y las suturas terminan de soldarse mucho más tarde.

Cartílago que se convierte en hueso

El proceso técnico se llama osificación. Buena parte del esqueleto fetal comienza siendo cartílago, un tejido más blando que se va sustituyendo por hueso desde unos núcleos concretos. En los huesos largos —fémur, húmero, tibia— existen placas de crecimiento cerca de los extremos: mientras permanecen activas, el hueso se alarga. Cuando se cierran, al final de la adolescencia, la estatura queda fijada.

Ese detalle explica por qué una fractura en la placa de crecimiento de un niño requiere un cuidado especial: si se daña, el hueso puede crecer de forma irregular.

Qué huesos se fusionan

Las fusiones más relevantes en el camino de 300 a 206 son estas:

  • El cráneo: varias placas se unen hasta formar una bóveda continua.
  • El sacro: cinco vértebras sacras separadas acaban formando un único hueso triangular en la base de la columna.
  • El cóccix: tres a cinco piezas pequeñas se sueldan en el extremo inferior de la columna.
  • El hueso coxal: ilion, isquion y pubis son huesos independientes en la infancia y se fusionan en cada mitad de la pelvis.
  • Esternón y huesos largos: sus distintos segmentos y extremos se unen al completarse el crecimiento.

Ese extremo final de la columna tiene además una historia evolutiva interesante, ya que se considera el vestigio de una cola ancestral; sobre su denominación y peculiaridades hablamos en el artículo dedicado a el cóccix y su escritura correcta.

¿Por qué se dice «alrededor de» 300?

Porque la cifra exacta no es fija ni siquiera al nacer. Hay variación individual en el número de huesecillos accesorios, en las vértebras y en los sesamoideos, esos pequeños huesos que se forman dentro de tendones sometidos a presión, como la rótula. Algunas personas adultas tienen una costilla cervical extra o una vértebra lumbar de más. Por eso lo correcto es hablar de aproximadamente 300 al nacer y de 206 como número típico del adulto.

El esqueleto adulto: 206 piezas y mucho trabajo

Los 206 huesos se reparten de forma muy desigual. Solo las manos y los pies concentran más de la mitad: 27 huesos por mano y 26 por pie. El oído medio aporta los tres más pequeños del cuerpo —martillo, yunque y estribo—, imprescindibles para transmitir el sonido.

Lejos de ser un armazón inerte, el hueso es tejido vivo en renovación constante. Sus funciones principales son:

  • Sostener el cuerpo y permitir el movimiento junto con los músculos.
  • Proteger órganos vitales: cráneo, costillas y columna.
  • Fabricar células sanguíneas en la médula ósea.
  • Actuar como reserva de minerales, sobre todo de calcio y fósforo, un papel que detallamos al explicar para qué sirven los huesos más allá del soporte.

Su resistencia es notable: en compresión, el tejido óseo compacto aguanta cargas comparables a las de materiales de construcción, tanto que se suele decir que los huesos son tan fuertes como el granito a igualdad de sección.

Cuidar los 206 que quedan

La masa ósea alcanza su pico alrededor de los 25 a 30 años y luego empieza a descender lentamente. Lo que se acumula en la juventud marca el margen del resto de la vida, así que la prevención de la osteoporosis empieza mucho antes de la vejez: calcio y vitamina D suficientes, exposición solar moderada, ejercicio de carga y evitar tabaco y alcohol en exceso.

Pasar de 300 a 206 huesos no es una pérdida: es el proceso por el que un esqueleto flexible pensado para crecer se convierte en una estructura definitiva pensada para durar.

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