Cuerpo humano

La Flora Intestinal

Durante décadas hemos llamado flora intestinal al conjunto de microorganismos que viven en nuestro aparato digestivo. Sin embargo, el nombre es un error histórico: las bacterias no son…

Ilustración de la microbiota intestinal con bacterias beneficiosas en el intestino humano

Durante décadas hemos llamado flora intestinal al conjunto de microorganismos que viven en nuestro aparato digestivo. Sin embargo, el nombre es un error histórico: las bacterias no son plantas, y por eso la ciencia actual utiliza el término correcto, microbiota intestinal. La palabra «flora» sobrevive en el lenguaje cotidiano y en la publicidad de yogures, pero arrastra una idea de la biología que quedó superada hace más de medio siglo.

¿Por qué se llamó «flora» a las bacterias?

El término se acuñó en una época en la que los seres vivos se clasificaban en solo dos grandes grupos: animales y vegetales. Como las bacterias no se movían como los animales y algunas parecían tener pared celular similar a la de las plantas, se las consideró vegetales unicelulares.

Bajo esa lógica, el conjunto de «vegetales» que habitaban el intestino era, literalmente, una flora, igual que se habla de la flora de un bosque o de una región. El nombre se popularizó en la medicina y en la microbiología y se mantuvo durante generaciones, incluso cuando ya se sabía que la idea de fondo era incorrecta.

Los cinco reinos de Whittaker

El primer gran golpe a esta clasificación llegó con el ecólogo estadounidense Robert Whittaker, quien en 1969 propuso organizar a los organismos en cinco reinos, un esquema que se convirtió en el clásico de los libros de texto:

  • Monera: las bacterias y otros organismos sin núcleo celular definido.
  • Protista: organismos unicelulares con núcleo, como las amebas o muchas algas.
  • Fungi: los hongos, desde las levaduras hasta las setas.
  • Plantae (o Metaphyta): las plantas.
  • Animalia (o Metazoa): los animales.

Con esta división quedó claro que las bacterias formaban un reino propio, Monera, totalmente separado de las plantas. Es decir, no había ninguna base científica para seguir hablando de «flora» cuando nos referimos a ellas.

Carl Woese y los tres dominios

La historia no terminó ahí. En 1977, el microbiólogo estadounidense Carl Woese comparó el material genético de distintos microorganismos y descubrió que, dentro de lo que se llamaba Monera, existían dos linajes tan diferentes entre sí como lo son de los animales o las plantas.

De ese hallazgo nació el sistema de los tres dominios, que hoy es la base de la clasificación de la vida:

  • Bacteria: las bacterias propiamente dichas.
  • Archaea: las arqueas, microorganismos que a menudo viven en ambientes extremos y que también forman parte de nuestro intestino.
  • Eukarya: todos los organismos con células nucleadas, incluidos hongos, plantas y animales.

Con este esquema, la distancia entre una bacteria y una planta es todavía mayor de lo que Whittaker había planteado. Llamar «flora» a las bacterias es, en términos biológicos, tan inexacto como llamar «fauna» a los hongos.

Microbiota intestinal: el término correcto

La palabra microbiota designa al conjunto de microorganismos (bacterias, arqueas, hongos, virus y protistas) que viven en un ambiente determinado. Cuando ese ambiente es el intestino, hablamos de microbiota intestinal.

El mismo criterio se aplica a otras zonas del cuerpo. Lo correcto es hablar de:

  • Microbiota normal de la piel.
  • Microbiota oral.
  • Microbiota cervical o vaginal.
  • Microbiota respiratoria, etcétera.

Existe además un término relacionado, microbioma, que suele emplearse para referirse al conjunto de genes de esos microorganismos o, en un sentido amplio, a la comunidad microbiana y su entorno. En el lenguaje divulgativo ambos se usan a menudo como sinónimos, aunque los especialistas los distinguen.

Microbiota o microbioma: ¿son lo mismo?

En la práctica, sí se usan como equivalentes en textos de divulgación, pero conviene saber la diferencia. La microbiota es la comunidad de microorganismos; el microbioma es el conjunto de sus genes y el entorno donde viven. Dicho de forma sencilla: la microbiota son los inquilinos y el microbioma, su equipaje genético.

Un cambio de nombre con importancia real

Puede parecer una cuestión de purismo, pero la terminología refleja lo que sabemos. La microbiota intestinal se estudia hoy como un auténtico «órgano» más del cuerpo: participa en la digestión, produce vitaminas, entrena al sistema inmunitario y se relaciona con el estado de ánimo a través del llamado eje intestino-cerebro. Nada de eso encaja con la vieja imagen de un jardín de plantas microscópicas.

Otros datos curiosos sobre la microbiota intestinal

  • Se calcula que el cuerpo humano alberga un número de células microbianas comparable al de sus propias células, y las estimaciones más citadas hablan de una proporción cercana a uno a uno.
  • La mayor parte de la microbiota se concentra en el intestino grueso, donde las bacterias ayudan a fermentar la fibra que nosotros no podemos digerir.
  • Los antibióticos, la dieta y el modo de nacimiento (parto o cesárea) influyen en la composición de la microbiota de cada persona.
  • Cada vez más investigaciones relacionan los desequilibrios de la microbiota con problemas digestivos, alergias y enfermedades metabólicas.

En resumen: de flora intestinal a microbiota intestinal

La flora intestinal es el nombre antiguo de lo que hoy llamamos microbiota intestinal. El cambio no es una moda: refleja que las bacterias no son plantas y que forman un linaje propio dentro de la clasificación de la vida. Seguir diciendo «flora» es comprensible en el lenguaje diario, pero si hablamos con precisión, lo correcto es microbiota.

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