Ciencia Salud

Los pulmones

Los pulmones contienen una red de vasos capilares tan densa que cuesta imaginarla: se estima que albergan más de 300.000 millones de capilares. Si todos ellos pudieran extenderse…

Los pulmones contienen una red de vasos capilares tan densa que cuesta imaginarla: se estima que albergan más de 300.000 millones de capilares. Si todos ellos pudieran extenderse en una sola línea recta, su longitud total rondaría los 2.400 kilómetros. Esa maraña microscópica cabe, plegada, dentro de la caja torácica.

Para qué hace falta tanta tubería

La respuesta está en la física del intercambio de gases. El oxígeno pasa de los pulmones a la sangre por difusión, un proceso pasivo que no gasta energía pero que tiene una condición estricta: solo funciona a distancias diminutas y a través de superficies muy amplias.

La evolución resolvió el problema de la única manera posible: multiplicando la superficie de contacto. Los bronquios se ramifican una y otra vez hasta terminar en los alvéolos, unos saquitos de aire de un tamaño minúsculo. Y cada alvéolo está envuelto por una red de capilares tan fina que el aire y la sangre quedan separados por una barrera de un grosor casi insignificante.

La superficie oculta de los pulmones

Si se desplegara toda la superficie alveolar de unos pulmones adultos, ocuparía el equivalente a una pista de tenis. Todo ese despliegue está comprimido en un órgano que pesa poco más de un kilo y que, además, tiene que caber en el pecho y expandirse y contraerse unas quince veces por minuto durante toda la vida.

Qué ocurre en cada respiración

El recorrido es más rápido de lo que parece. Un glóbulo rojo tarda menos de un segundo en atravesar un capilar pulmonar, y en ese instante ocurre todo:

  • El oxígeno del aire alveolar atraviesa la pared y se une a la hemoglobina.
  • El dióxido de carbono hace el camino inverso, de la sangre al alvéolo.
  • La sangre cambia de color, pasando de un rojo oscuro a un rojo brillante.
  • El aire cargado de CO₂ se expulsa en la siguiente espiración.

Ese intercambio se repite miles de veces al día sin que tengamos que pensar en ello ni una sola vez.

Una circulación distinta a las demás

La circulación pulmonar tiene características propias que la separan del resto del sistema. Funciona a una presión mucho más baja que la circulación general, precisamente porque sus vasos son extremadamente delicados: una presión elevada los dañaría y provocaría la salida de líquido hacia los alvéolos, que es exactamente lo que ocurre en un edema pulmonar.

También invierte la convención habitual: la arteria pulmonar transporta sangre pobre en oxígeno y las venas pulmonares la devuelven rica en oxígeno. Es la excepción que confirma que arterias y venas se definen por la dirección del flujo, no por su contenido.

Todo ese circuito depende de una bomba incansable. Los números del corazón y su número de pulsaciones diarias dan la medida del trabajo necesario para mantener la sangre circulando por esa red sin descanso.

Una longitud que invita a compararla

Los 2.400 kilómetros de capilares pulmonares equivalen a un viaje por carretera de una punta a otra de muchos países. Y sin embargo, no son más que una fracción del total: sumando arterias, venas y capilares de todo el organismo, los vasos sanguíneos de una persona podrían dar la vuelta al mundo varias veces.

Lo fascinante es la escala. La mayoría de esos conductos son tan estrechos que los glóbulos rojos tienen que deformarse para pasar de uno en uno. Precisamente por eso se necesitan cientos de miles de millones: cada uno individualmente transporta una cantidad ínfima de sangre.

Lo que circula por ahí

Conviene recordar que todo ese volumen no es tan grande como sugiere la longitud de la red. La sangre representa una fracción bastante concreta del peso corporal, como detalla el cálculo del porcentaje del peso del cuerpo que corresponde a la sangre. El sistema es eficiente porque recicla continuamente el mismo líquido, no porque disponga de mucho.

Cuidar una red tan delicada

La fragilidad de los capilares pulmonares explica por qué el humo del tabaco y la contaminación resultan tan dañinos: destruyen paredes alveolares y reducen de forma irreversible la superficie disponible para el intercambio. Perder capilares es perder capacidad respiratoria, y el tejido pulmonar no se regenera.

Datos relacionados

  • La barrera entre aire y sangre en el alvéolo es una de las membranas más finas del organismo.
  • Un glóbulo rojo completa el circuito pulmonar en menos de un segundo.
  • La circulación pulmonar trabaja a una presión muy inferior a la sistémica.
  • La superficie alveolar total equivale aproximadamente a la de una pista de tenis.

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