El cuerpo humano es una fuente increíble de datos sorprendentes, y algunos de los más llamativos surgen al traducir su composición química en objetos cotidianos. Dos ejemplos clásicos: contenemos carbono suficiente para fabricar aproximadamente 900 lápices y almacenamos grasa suficiente para producir alrededor de 7 barras de jabón.
¿Cuánto carbono hay en el cuerpo humano?
El carbono es un elemento fundamental para la vida. Nuestro organismo lo contiene en cantidad suficiente como para fabricar unos 900 lápices, lo que ilustra bien su abundancia en nuestra composición biológica.
La razón de esa abundancia es estructural. El carbono tiene una capacidad excepcional para unirse a otros átomos y formar cadenas largas y estables. Sobre ese esqueleto se construyen las proteínas, las grasas, los azúcares y el propio ADN. Por eso se dice que la nuestra es una química basada en el carbono.
En términos de masa, el carbono es el segundo elemento más presente en el cuerpo, solo por detrás del oxígeno, que forma parte del agua que constituye la mayor parte de nuestro peso.
Del cuerpo al lápiz
La comparación con los lápices funciona porque la mina está hecha de grafito, que es carbono puro ordenado en capas. Es el mismo elemento, aunque dispuesto de otra forma: cambiando esa disposición se obtiene diamante. Si te interesa el objeto en sí, resulta revelador conocer cómo se fabrican los lápices y cuánto grafito lleva realmente cada uno.
La grasa corporal y el jabón
Otro dato fascinante se refiere a la grasa. El cuerpo humano almacena grasa suficiente como para producir alrededor de 7 barras de jabón. Esta analogía ayuda a visualizar la cantidad de lípidos que podemos llegar a acumular.
La comparación no es arbitraria: el jabón se fabrica precisamente a partir de grasas. El proceso, llamado saponificación, consiste en hacer reaccionar una grasa con un álcali para obtener moléculas capaces de unir agua y suciedad. Durante siglos se elaboró así con sebo animal y cenizas, mucho antes de que existiera la química moderna.
La grasa no es un enemigo
Conviene recordar que el tejido adiposo cumple funciones imprescindibles:
- Almacena energía de forma extraordinariamente compacta, más del doble por gramo que los azúcares o las proteínas.
- Aísla térmicamente y protege los órganos internos frente a golpes.
- Permite absorber y transportar vitaminas que solo se disuelven en grasa.
- Forma parte de la membrana de todas nuestras células.
- Participa en la producción de hormonas.
El problema no es tenerla, sino la cantidad y, sobre todo, su distribución. La que se acumula alrededor de los órganos abdominales tiene efectos distintos a la que se deposita bajo la piel.
El inventario completo
Si se llevara este ejercicio hasta el final, el resultado sería una lista doméstica bastante curiosa. El cuerpo contiene hierro, calcio, fósforo, potasio, azufre y otros elementos, cada uno en cantidades que permiten comparaciones parecidas: clavos pequeños, tiza, cerillas.
Pero ahí aparece el matiz más importante de todos. Los elementos por separado no valen casi nada; lo valioso es la organización. Un montón de carbono, agua y minerales no es un ser vivo, igual que un montón de ladrillos no es una casa.
Esa organización se renueva sin descanso. Las estructuras que nos forman se reemplazan continuamente, como explica el hecho de que las células del cuerpo se sustituyan a lo largo del tiempo: el material cambia, el patrón permanece.
De dónde salió ese carbono
Hay una vuelta de tuerca que hace este dato todavía más interesante. Todo el carbono de nuestro cuerpo se formó en el interior de estrellas, mediante reacciones nucleares, y fue liberado al espacio cuando aquellas estrellas terminaron su vida.
Ese material acabó integrándose en la nube que formó el sistema solar, después en la Tierra y, a través de las plantas y los alimentos, en nosotros. Los 900 lápices de carbono que llevamos dentro tienen, literalmente, origen estelar.
Datos relacionados
El cuerpo guarda muchas más cifras difíciles de imaginar. Está construido sobre una estructura cuyo recuento sorprende a casi todo el mundo, empezando por cuántos huesos tiene el cuerpo humano y cómo ese número cambia con la edad.
Estos hechos destacan la composición química única y las curiosas equivalencias materiales del cuerpo humano: somos, al mismo tiempo, una caja de lápices, unas cuantas barras de jabón y algo infinitamente más complejo que la suma de sus partes.