Cuerpo humano Salud

Podrías caminar cuando naciste

Durante los primeros minutos después de nacer, el cuerpo de un bebé conserva una fuerza y una capacidad de movimiento sorprendentes: es capaz de impulsarse, empujar con las…

Durante los primeros minutos después de nacer, el cuerpo de un bebé conserva una fuerza y una capacidad de movimiento sorprendentes: es capaz de impulsarse, empujar con las piernas y desplazarse por sí mismo hasta el pecho de su madre. Es la manera que tiene la naturaleza de asegurarse de que el recién nacido pueda llegar a alimentarse y tomar sus primeros sorbos de vida, incluso en el caso extremo de que la madre hubiera muerto durante el parto. No se trata de caminar en el sentido estricto, pero sí de un conjunto de reflejos que, por un breve periodo, le permiten hacer algo que no volverá a lograr hasta muchos meses después.

Los reflejos primitivos del recién nacido

Los bebés nacen con una serie de respuestas automáticas conocidas como reflejos primitivos o arcaicos. No son aprendidas ni voluntarias: están programadas en el sistema nervioso y aparecen sin que el bebé tenga que pensarlas. Muchas de ellas desaparecen a lo largo del primer año, a medida que el cerebro madura y toma el control de los movimientos.

Entre los más conocidos están:

  • Reflejo de búsqueda: al rozarle la mejilla, el bebé gira la cabeza hacia ese lado y abre la boca buscando el pezón.
  • Reflejo de succión: cualquier objeto que toca el paladar provoca un movimiento rítmico de succión.
  • Reflejo de prensión: el bebé cierra la mano con fuerza alrededor de un dedo o un objeto que se apoye en su palma.
  • Reflejo de marcha automática: si se sostiene al recién nacido erguido con los pies sobre una superficie, mueve las piernas como si diera pasos.
  • Reflejo de gateo: colocado boca abajo, flexiona las piernas y empuja hacia adelante.

Estos dos últimos son los que dan origen a la idea de que un bebé «podría caminar» al nacer. Con apoyo, el movimiento de pasos es muy claro, aunque el bebé no tiene ni el equilibrio ni la fuerza en el tronco para sostenerse solo.

El «gateo» hacia el pecho

Cuando un recién nacido sano se coloca sobre el abdomen de su madre justo después del parto, ocurre algo que los profesionales de la salud han observado y descrito muchas veces: el bebé, guiado por el olfato y el tacto, comienza a mover las piernas, empuja con los pies y va reptando poco a poco hasta alcanzar el pecho. Una vez allí, localiza el pezón y empieza a succionar por sí mismo.

Este comportamiento se conoce a menudo como el «gateo hacia el pecho» y suele completarse en un tiempo que va desde algunos minutos hasta cerca de una hora. Es el motivo por el que hoy se recomienda el contacto piel con piel inmediato tras el nacimiento: no solo favorece el vínculo, sino que aprovecha esta ventana de actividad natural del bebé.

Por qué la naturaleza lo diseñó así

Desde el punto de vista evolutivo, la explicación es sencilla. Durante la mayor parte de la historia humana, el parto era un momento de gran riesgo tanto para la madre como para el bebé. Un recién nacido capaz de encontrar el alimento por sus propios medios, sin depender totalmente de que alguien lo coloque en el lugar correcto, tenía más probabilidades de sobrevivir.

El calostro, la primera leche que produce la madre, es especialmente rico en anticuerpos y nutrientes, y la succión temprana también ayuda a que el útero se contraiga y a que la producción de leche se establezca. Por eso el organismo del bebé llega al mundo «preparado» para conseguir esa primera toma cuanto antes.

¿Por qué después se pierde esta capacidad?

Puede parecer contradictorio que un bebé de pocas horas mueva las piernas como si caminara y que, en cambio, uno de seis meses no pueda hacerlo. La razón está en el desarrollo del cerebro. Los reflejos primitivos están controlados por las zonas más antiguas del sistema nervioso. A medida que la corteza cerebral madura, va inhibiendo esas respuestas automáticas para sustituirlas por movimientos voluntarios y coordinados.

Así, el reflejo de marcha suele desaparecer alrededor de los dos meses de vida, y el niño tendrá que «aprender» de nuevo a caminar, esta vez de forma consciente, normalmente entre los nueve y los dieciocho meses. Los pediatras comprueban la presencia de estos reflejos al nacer y su desaparición posterior, porque ambos son señales de que el sistema nervioso se está desarrollando con normalidad.

Otros datos curiosos relacionados

  • Un recién nacido reconoce el olor de su madre y de su leche a los pocos días de vida, y ese sentido es clave para orientarse hacia el pecho.
  • Los bebés nacen con más huesos que los adultos: muchos de ellos se fusionan durante el crecimiento hasta llegar a los 206 de la edad adulta.
  • El reflejo de prensión es tan fuerte que algunos recién nacidos pueden sostener brevemente parte de su propio peso agarrados a los dedos de un adulto.
  • El contacto piel con piel ayuda a regular la temperatura, la respiración y el ritmo cardiaco del bebé durante sus primeras horas.

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