Alimentación

El azúcar

Para obtener una sola tonelada de azúcar hacen falta entre siete y ocho toneladas de caña. Dicho de otro modo: de todo lo que entra en un ingenio…

Para obtener una sola tonelada de azúcar hacen falta entre siete y ocho toneladas de caña. Dicho de otro modo: de todo lo que entra en un ingenio azucarero, apenas una octava parte termina convertida en esos cristales blancos que caben en un azucarero. El resto es agua, fibra y subproductos que siguen caminos muy distintos.

De la caña al cristal: qué ocurre en el camino

La caña de azúcar es una gramínea gigante, emparentada con el bambú y con los cereales. Su tallo está formado en gran parte por agua y por fibra vegetal, y el azúcar se encuentra disuelto en el jugo que impregna esa estructura. El proceso industrial consiste, básicamente, en extraer ese jugo y quitarle todo lo demás.

  • Molienda: los tallos se trituran y se prensan entre rodillos para exprimir el jugo.
  • Clarificación: se eliminan impurezas y restos vegetales mediante calor y agentes como la cal.
  • Evaporación: se retira la mayor parte del agua hasta obtener un jarabe espeso.
  • Cristalización: el jarabe se concentra hasta que el azúcar forma cristales.
  • Centrifugado: los cristales se separan de la melaza que los envuelve.

En cada una de esas etapas se pierde masa. El agua representa la fracción mayoritaria del tallo, y se va casi entera en forma de vapor. Ahí está la explicación de la proporción: no es que el proceso sea ineficiente, es que la caña es sobre todo agua y fibra.

El bagazo, el gran subproducto

La fibra que queda después de exprimir la caña se llama bagazo, y no se tira. Se quema en las calderas del propio ingenio para generar el vapor y la electricidad que mueven la fábrica. Muchos ingenios son energéticamente autosuficientes gracias a este material, e incluso venden el excedente a la red eléctrica.

El bagazo también se usa para fabricar papel, tableros, envases desechables y alimento para ganado. Y la melaza, ese jarabe oscuro que queda tras separar los cristales, es la materia prima del ron y de buena parte del alcohol industrial.

Una planta que cambió la historia

La caña de azúcar es originaria del sudeste asiático y llegó a Europa a través del mundo árabe, que perfeccionó las técnicas de refinado. Durante siglos, el azúcar fue un artículo de lujo que se vendía en farmacias y se guardaba bajo llave, comparable a una especia cara.

El salto a producto de consumo masivo llegó con las plantaciones coloniales del Caribe y de Brasil, una historia ligada de forma inseparable al trabajo esclavo. Pocos alimentos han tenido un impacto geopolítico tan profundo.

Ese recorrido tiene paralelismos con el de otras bebidas y productos que pasaron de rareza exótica a hábito cotidiano, como muestra la historia del café y su difusión desde el mundo árabe.

Caña frente a remolacha

No todo el azúcar del mundo procede de la caña. En climas templados se cultiva remolacha azucarera, cuya raíz acumula una concentración de sacarosa comparable. El producto final es químicamente idéntico: sacarosa pura. La diferencia está en el cultivo, el clima y los rendimientos por hectárea, no en el resultado que llega a la mesa.

Cuánto azúcar consumimos realmente

La cifra de siete u ocho toneladas de caña por tonelada de azúcar cobra otra dimensión cuando se piensa en el consumo. El azúcar añadido no está solo en los postres: aparece en salsas, panes industriales, cereales de desayuno, bebidas, yogures y embutidos.

Ese consumo invisible es el que preocupa a los nutricionistas, porque se acumula sin que el consumidor lo perciba. El tema se aborda con cifras concretas en el artículo sobre el consumo de dulces y sus riesgos para la salud.

El exceso de calorías, venga del azúcar o de otras fuentes, termina almacenándose en forma de grasa corporal, un mecanismo explicado en el artículo sobre la relación entre el exceso de calorías y la celulitis.

Datos que ponen la cifra en contexto

  • La caña puede superar los tres metros de altura y se cosecha una o varias veces desde la misma raíz.
  • El jugo recién exprimido es dulce, turbio y muy perecedero: fermenta en cuestión de horas.
  • El azúcar moreno no es menos procesado por definición; a menudo es azúcar blanco al que se le devuelve melaza.
  • Los ingenios trabajan en campañas intensivas, concentrando toda la molienda en pocos meses al año.

Conclusión

Detrás de una cucharada de azúcar hay campos enteros, toneladas de biomasa y un proceso industrial que aprovecha casi todo lo que no termina en el paquete. Esa proporción de siete u ocho a uno no es un desperdicio, sino el reflejo de lo que realmente es la caña: una planta enorme que guarda su dulzura disuelta en agua.

Si te interesan los cultivos que sostienen la alimentación mundial, resulta revelador conocer cuál es el principal alimento de la mitad de la población del planeta.

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