Uno de los datos más repetidos sobre la aspirina es también uno de los más difíciles de creer: en Argentina se consume la cuarta parte de todas las aspirinas que se toman en el mundo. La cifra que sostiene esa afirmación corresponde a 1997, cuando en el país se vendieron 2.625 millones de comprimidos. Traducido a consumo individual, cada argentino tomaba una media de 80 comprimidos al año, lo que los situaba a la cabeza del planeta.
Qué significan 80 comprimidos por persona y año
Ochenta comprimidos anuales equivalen a una aspirina cada cuatro o cinco días de media, contando a toda la población: bebés, adolescentes y ancianos incluidos. Como los recién nacidos y los niños pequeños no toman aspirina, el consumo real de los adultos que sí la usan tiene que ser bastante mayor que ese promedio.
Puesto en perspectiva, es una cantidad enorme para un medicamento de venta libre. En la mayoría de los países el consumo per cápita de analgésicos se reparte entre varias moléculas distintas, mientras que en el caso argentino la aspirina concentró durante décadas una porción desproporcionada del mercado.
Por qué la cifra es tan alta
No hay un único motivo, sino una suma de factores culturales y comerciales que se reforzaron durante generaciones:
- Una tradición muy arraigada de automedicación para molestias leves, con el analgésico como primera respuesta ante cualquier dolor.
- La presencia de la aspirina en los botiquines desde principios del siglo XX, con una implantación comercial temprana y sostenida.
- Su uso extendido para lo que en el habla cotidiana se llama «estar descompuesto»: dolor de cabeza, resaca, fiebre, malestar general.
- Un precio bajo y una disponibilidad total en farmacias y kioscos, sin necesidad de receta.
A eso se suma la costumbre, muy comentada en su momento, de recurrir a la aspirina como remedio preventivo del malestar después de una noche larga. Es un uso popular, no una indicación médica, y de hecho el alcohol y el ácido acetilsalicílico comparten un mismo punto débil: ambos irritan la mucosa gástrica. Sobre ese terreno circulan bastantes creencias sin fundamento, como recoge el repaso sobre los mitos más extendidos alrededor de la resaca.
La aspirina no es un caramelo
Que un medicamento sea barato, antiguo y de venta libre no lo convierte en inocuo. El ácido acetilsalicílico tiene efectos bien conocidos que conviene tener presentes cuando se consume con la frecuencia que sugieren esos 80 comprimidos anuales:
- Irrita el estómago y, con el uso continuado, puede favorecer lesiones en la mucosa gástrica.
- Reduce la capacidad de la sangre para coagular, lo que aumenta el riesgo de sangrado.
- No se recomienda en niños y adolescentes con cuadros víricos, por su asociación con un trastorno poco frecuente pero grave.
- Interacciona con anticoagulantes y con otros antiinflamatorios.
Ese mismo efecto sobre la coagulación, que en el uso casero es un riesgo, es el que la convirtió en un fármaco valioso en cardiología cuando se administra en dosis bajas y bajo control médico. Es el uso que se explica al hablar de cómo la aspirina ayuda frente a las enfermedades circulatorias: la misma molécula, dos escenarios completamente distintos.
Un dato con fecha
Conviene leer la cifra con cuidado. Corresponde a 1997 y a un mercado farmacéutico muy distinto del actual. Desde entonces, el ibuprofeno y el paracetamol han ganado terreno en casi todos los países como analgésicos domésticos de primera elección, y el peso relativo de la aspirina en el consumo total ha disminuido de forma notable.
Lo que el dato conserva es su valor histórico: muestra hasta qué punto un medicamento puede integrarse en la cultura de un país, hasta el extremo de que un solo territorio llegue a representar una fracción enorme del consumo mundial de un producto vendido en todo el planeta.
Una palabra que ya es de todos
Esa integración también dejó huella en el idioma. La aspirina dejó de ser percibida como una marca para convertirse en el nombre genérico del comprimido contra el dolor, un proceso que quedó registrado oficialmente cuando la palabra entró en el diccionario de la Real Academia. Un medicamento que da nombre a toda una categoría es, casi por definición, un medicamento que se consume mucho.
Datos relacionados
La historia de la aspirina está llena de cifras de este tipo, algunas todavía más llamativas cuando se miran a escala global. El repaso sobre el consumo mundial de aspirina completa el panorama y ayuda a dimensionar qué significaba, en términos absolutos, que un país de unos treinta y pico millones de habitantes tomara una cuarta parte del total.
Ochenta comprimidos al año por persona no es una hazaña nacional: es un retrato de cómo se resolvía el dolor cotidiano en una época concreta. Hoy el botiquín es más variado, pero la cifra sigue siendo un recordatorio de lo rápido que un fármaco puede pasar de novedad científica a costumbre doméstica.