Emiliano Zapata, el caudillo del sur y símbolo por excelencia de la lucha campesina en la Revolución mexicana, era dueño de una lujosa propiedad y tenía un peculiar gusto por la gastronomía francesa y el coñac. El dato choca con la imagen popular de un revolucionario austero surgido de la miseria, pero encaja bastante bien con lo que los historiadores saben de su origen y de su trayectoria antes de tomar las armas.
Un campesino que no era pobre
Zapata nació en 1879 en Anenecuilco, un pequeño pueblo del estado de Morelos. Su familia no pertenecía a la élite, pero tampoco a los peones sin tierra que trabajaban en las haciendas azucareras. Los Zapata tenían tierras propias, ganado y una casa de adobe con cierta holgura, lo que en el contexto rural de la época los situaba entre los campesinos acomodados.
Desde joven, Emiliano se dedicó a la cría y doma de caballos, y llegó a tener fama de excelente jinete y de hombre elegante. Le gustaba vestir el traje de charro con botonaduras de plata y cuidar su apariencia, una costumbre que mantuvo incluso en plena guerra, como muestran las fotografías más conocidas de él.
Ese estatus relativamente cómodo explica una parte del dato: Zapata no luchaba por salir de la pobreza personal, sino por recuperar las tierras comunales que las haciendas habían arrebatado a los pueblos de Morelos.
La conexión con la aristocracia porfirista
El gusto de Zapata por los productos refinados tiene un origen bastante concreto. En 1909, tras un enfrentamiento con las autoridades locales, fue enviado al ejército y poco después terminó trabajando en la Ciudad de México en las caballerizas de Ignacio de la Torre y Mier, un terrateniente riquísimo, yerno del presidente Porfirio Díaz.
Allí, en un ambiente de mansiones, banquetes y carruajes, el joven de Morelos vivió de cerca las costumbres de la clase alta de la capital, que imitaba con entusiasmo todo lo francés: la cocina, los vinos, la moda y, por supuesto, el coñac. Según la tradición, Zapata se indignó al comprobar que los caballos de su patrón vivían mejor que los campesinos de su pueblo, y esa experiencia reforzó su conciencia política.
Al mismo tiempo, es probable que allí adquiriera el paladar por los platillos y licores europeos que conservó el resto de su vida. Varios testimonios de la época lo describen brindando con coñac en celebraciones y compartiendo mesa con delegados de otras facciones revolucionarias.
La propiedad y la vida cotidiana del caudillo
Durante los años de la Revolución, Zapata dispuso de haciendas y casas confiscadas a los terratenientes de Morelos, que sirvieron como cuarteles y residencias del movimiento. La más conocida es su base en Tlaltizapán, donde instaló su cuartel general y donde llevaba una vida relativamente estable entre campañas, con fiestas, jaripeos y reuniones políticas.
Conviene matizar que la «lujosa propiedad» no lo convertía en un hacendado más. El Plan de Ayala de 1911, el documento central del zapatismo, exigía precisamente la devolución de las tierras a los pueblos y la expropiación de las grandes haciendas, y Zapata aplicó ese reparto en el territorio que controlaba. Sus gustos personales no entraron en contradicción con su programa, o al menos no a ojos de sus seguidores.
- Nació en Anenecuilco, Morelos, en 1879.
- Trabajó en las caballerizas de un yerno de Porfirio Díaz en la Ciudad de México.
- Estableció su cuartel general en Tlaltizapán.
- Fue asesinado en una emboscada en la hacienda de Chinameca en 1919.
El mito y el hombre
Tras su asesinato en 1919, Zapata se convirtió en un símbolo que cada corriente política ha querido apropiarse: el Estado posrevolucionario lo incorporó a la historia oficial, los movimientos campesinos lo adoptaron como bandera y, en 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional tomó su nombre. En ese proceso, la figura se fue simplificando hasta convertirse en el campesino pobre y sacrificado.
Detalles como su afición al coñac o su ropa elegante no restan valor a su lucha, pero ayudan a recordar que los personajes históricos son más complejos que sus estatuas. Zapata fue un hombre de su tiempo, con contradicciones, gustos propios y una convicción política que le costó la vida.
Otros datos curiosos relacionados
- Pancho Villa, el otro gran caudillo de la Revolución, era abstemio y no fumaba, todo lo contrario del estereotipo del revolucionario.
- La frase «Tierra y Libertad» que se asocia a Zapata fue popularizada por el anarquista Ricardo Flores Magón.
- La foto de Villa y Zapata sentados en la silla presidencial en 1914 es una de las imágenes más reproducidas de la historia de México.
Y era homosexual.