Los restos de Pancho Villa descansan en el Monumento a la Revolución de Ciudad de México, y lo hacen a pocos metros de los de dos hombres que fueron sus enemigos en vida: Venustiano Carranza y Plutarco Elías Calles. Es una de las ironías más comentadas de la historia mexicana: quienes se combatieron a muerte durante la Revolución acabaron compartiendo el mismo mausoleo, convertidos todos en héroes oficiales.
Un monumento que iba a ser otra cosa
El Monumento a la Revolución no se diseñó como tumba. Su enorme estructura de hierro se levantó a comienzos del siglo XX, durante el gobierno de Porfirio Díaz, para ser la cúpula del nuevo Palacio Legislativo Federal. El estallido de la Revolución en 1910 dejó la obra inconclusa, y el esqueleto metálico permaneció abandonado durante años en el centro de la capital.
En la década de 1930, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia propuso aprovechar esa estructura para convertirla en un monumento dedicado a la Revolución. El resultado, inaugurado en 1938, es el gran arco de estilo art déco que hoy domina la Plaza de la República. Con el tiempo, sus cuatro pilares se destinaron a albergar los restos de figuras clave del movimiento revolucionario.
Quiénes descansan allí
En las columnas del monumento reposan varios personajes centrales de la Revolución y del México posrevolucionario:
- Francisco I. Madero, el iniciador de la Revolución y presidente asesinado en 1913.
- Venustiano Carranza, jefe del constitucionalismo y presidente, asesinado en 1920.
- Plutarco Elías Calles, presidente y fundador del partido que gobernó México durante décadas.
- Lázaro Cárdenas, presidente que nacionalizó el petróleo en 1938.
- Francisco «Pancho» Villa, el legendario jefe de la División del Norte.
Los restos de Villa fueron los últimos en llegar: se trasladaron desde Parral, Chihuahua, en 1976, más de cincuenta años después de su asesinato en 1923.
Villa contra Carranza: de aliados a enemigos
Villa y Carranza empezaron en el mismo bando. Tras el golpe de Victoriano Huerta en 1913, ambos se unieron al movimiento constitucionalista para derrocarlo. Pero la relación se rompió pronto. Carranza, político y terrateniente, desconfiaba de un jefe militar popular y con ejército propio; Villa, por su parte, consideraba a Carranza un ambicioso que quería quedarse con el poder.
La ruptura fue total en 1914, cuando la Convención de Aguascalientes no logró reconciliar a las facciones. Villa se alió con Emiliano Zapata, y Carranza apoyó a su general Álvaro Obregón. En 1915, en las batallas de Celaya, Obregón derrotó a la División del Norte y Villa quedó reducido a la guerra de guerrillas en Chihuahua. Durante años, las fuerzas carrancistas lo persiguieron sin descanso.
Calles y la sombra del asesinato de Villa
Con Plutarco Elías Calles la enemistad fue igualmente profunda. Calles pertenecía al grupo sonorense encabezado por Obregón, el mismo que había derrotado a Villa. Cuando Villa se retiró a su hacienda de Canutillo en 1920, tras firmar la paz con el gobierno, siguió siendo visto como una amenaza política.
En julio de 1923, Villa fue emboscado y acribillado en Parral. Nunca se aclaró del todo quién ordenó el crimen, pero muchos historiadores señalan que las autoridades de la época, en las que Calles ocupaba un lugar destacado, al menos lo consintieron. Que ambos compartan hoy monumento resulta, cuanto menos, llamativo.
Por qué acabaron juntos
La explicación está en la construcción de la memoria oficial. A partir de los años treinta, el Estado mexicano necesitaba presentar la Revolución como un solo movimiento coherente, no como una sucesión de guerras entre facciones. Reunir a Madero, Carranza, Calles, Cárdenas y Villa bajo el mismo arco era una forma de decir que todos habían luchado por la misma causa, aunque en vida se hubieran combatido.
Villa, además, se había convertido en un símbolo popular imposible de ignorar. Incluirlo en el panteón revolucionario en 1976 cerró simbólicamente esa reconciliación.
Otros datos curiosos relacionados
- La tumba de Villa en Parral fue profanada en 1926 y su cráneo desapareció; nunca se ha recuperado, por lo que sus restos en el monumento están incompletos.
- Emiliano Zapata no está en el Monumento a la Revolución: sus restos permanecen en Cuautla, Morelos, y sus descendientes se han opuesto a trasladarlos.
- Villa protagonizó en 1916 el único ataque de una fuerza extranjera a suelo continental de Estados Unidos en el siglo XX, en la localidad de Columbus, Nuevo México.
- El monumento cuenta con un mirador en su cúpula, a más de sesenta metros de altura, y un museo dedicado a la Revolución en su base.
El único guerrero de México que puso en su lugar a los «gringos» en aquella época.