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Las Manzanas

La manzana es una de las frutas más comunes del mundo y, al mismo tiempo, una de las más subestimadas. Entre los compuestos que aporta destaca el ácido…

La manzana es una de las frutas más comunes del mundo y, al mismo tiempo, una de las más subestimadas. Entre los compuestos que aporta destaca el ácido glutamínico, un aminoácido cuya acción sedante sobre el sistema nervioso resulta especialmente valiosa. Las células del sistema inmunitario lo requieren como fuente de energía, participa en la producción de energía para el cerebro, se asocia con la ayuda para controlar el alcoholismo, contribuye a la cicatrización de úlceras y se le atribuye alivio frente a la fatiga, la depresión y la impotencia. Todo eso en una fruta que cabe en la palma de la mano.

Qué es el ácido glutamínico y por qué importa

El ácido glutamínico (o glutámico) es un aminoácido que el cuerpo puede fabricar por sí mismo, pero que también obtenemos de los alimentos. Su papel es doble: por un lado funciona como pieza para construir proteínas y, por otro, participa en la comunicación entre neuronas.

Esa segunda función explica por qué se habla de una acción moduladora sobre el sistema nervioso. El cerebro consume una cantidad desproporcionada de energía respecto a su tamaño, y ciertos aminoácidos entran en las rutas metabólicas que la generan. De ahí que se le relacione con la sensación de claridad mental y con el alivio de la fatiga.

Las células del sistema inmunitario, sobre todo las que se multiplican rápido cuando hay una infección, también dependen de este tipo de combustible. Cuando el organismo está bajo estrés, la demanda se dispara.

Más allá de un solo compuesto

Reducir la manzana a un aminoácido sería injusto. Su verdadero valor está en la combinación de elementos que aporta con muy pocas calorías:

  • Pectina, una fibra soluble que ayuda a regular el tránsito intestinal y a moderar la absorción de azúcares.
  • Agua, que constituye la mayor parte de su peso y la convierte en un alimento muy saciante en relación con lo que aporta.
  • Antioxidantes concentrados sobre todo en la cáscara, razón de peso para comerla sin pelar tras lavarla bien.
  • Potasio y otros minerales que intervienen en el equilibrio de líquidos del organismo.

Esa mezcla es la que explica su reputación popular. El viejo refrán inglés que promete mantener al médico lejos con una manzana diaria no es literal, pero sí apunta a algo real: las frutas enteras, con su fibra intacta, se comportan de forma muy distinta a los jugos industriales.

La cáscara, la parte más valiosa

Buena parte de los polifenoles de la manzana está en la piel. Pelarla equivale a descartar una fracción importante de lo que hace interesante a esta fruta. Ocurre algo parecido con otros alimentos cotidianos: quienes conocen los beneficios de comer pepino con todo y cáscara saben que ahí se concentra gran parte de su fibra.

Úlceras, digestión y sistema nervioso

La relación entre la manzana y la salud digestiva tiene una explicación sencilla. La pectina forma un gel al contacto con el agua, y ese gel protege la mucosa y ralentiza el vaciado del estómago. Por eso la manzana rallada ha sido durante generaciones un remedio casero ante malestares intestinales.

En cuanto al ánimo, conviene ser prudente. Ningún alimento cura una depresión ni sustituye un tratamiento. Lo que sí ocurre es que una alimentación estable, con azúcares de liberación lenta y buena hidratación, sostiene mejor el estado de ánimo a lo largo del día que los picos y caídas provocados por productos ultraprocesados.

Cómo aprovecharla mejor

Algunas ideas prácticas para sacarle partido sin complicarse:

  • Cómela entera y cruda siempre que puedas; el jugo pierde la fibra que la hace saciante.
  • Combínala con una fuente de grasa o proteína, como un puñado de nueces, para sostener la energía durante más tiempo.
  • Guárdala separada de otras frutas si quieres que estas duren más: la manzana libera etileno, el gas que acelera la maduración.
  • Si se oxida y se pone marrón al cortarla, unas gotas de limón frenan la reacción sin alterar su sabor.

Ese oscurecimiento, por cierto, no indica que la fruta esté en mal estado. Es una reacción entre sus compuestos y el oxígeno del aire, la misma que ocurre en el aguacate o en la papa recién pelada.

Una fruta con historia

La manzana acompaña a la humanidad desde hace miles de años. Se cultiva desde la antigüedad en Asia central, desde donde se extendió hacia Europa, y hoy existen miles de variedades. Su presencia en mitos, cuentos y refranes es tal que en la historia de la alimentación pocas frutas han sido tan simbólicas. Algo parecido pasó con el tomate, que durante siglos fue conocido como la llamada manzana del amor antes de ganarse un lugar en la cocina.

Para cerrar

La manzana no es un medicamento ni un superalimento milagroso, pero sí un ejemplo notable de cuánto puede aportar un alimento sencillo: fibra, agua, antioxidantes y aminoácidos como el ácido glutamínico que participan en el funcionamiento del cerebro y del sistema inmunitario. Si te interesa este tipo de datos, también resultan reveladoras las propiedades del plátano y la lista de alimentos que pueden reducir la presión arterial alta. La conclusión se repite: lo más eficaz suele estar en lo más cotidiano.

2 comentarios

  1. Bueno yo tengo 13 años y me gusta mucho esta pagina pero se tardan un poquito en ambiar la informacion de hay en fuera todo esta perfecto

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