Brasilia es la única ciudad construida en el siglo XX que ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. La capital de Brasil fue levantada de la nada en apenas cuatro años, entre 1956 y 1960, y en 1987 la UNESCO la inscribió en su lista de patrimonio mundial como ejemplo excepcional de urbanismo y arquitectura modernos. Es una distinción insólita: casi todas las ciudades protegidas por la UNESCO tienen siglos de historia, y Brasilia no llegaba a los 30 años cuando recibió el reconocimiento.
Una capital inventada desde cero
La idea de trasladar la capital brasileña desde la costa hacia el interior del país era antigua: aparecía ya en la Constitución de 1891. El objetivo era doble: poblar y desarrollar el centro del territorio, y alejar el poder político de Río de Janeiro y São Paulo, las grandes ciudades del litoral.
El proyecto lo hizo realidad el presidente Juscelino Kubitschek, que había prometido en campaña «cincuenta años de progreso en cinco». Las obras comenzaron en 1956 en una meseta semidesértica del estado de Goiás y la ciudad fue inaugurada oficialmente el 21 de abril de 1960. Decenas de miles de trabajadores llegados de todo Brasil, conocidos como candangos, la construyeron a un ritmo frenético.
Los artífices: Lúcio Costa y Oscar Niemeyer
El plan urbanístico, llamado Plano Piloto, fue obra del arquitecto y urbanista Lúcio Costa, que ganó el concurso convocado para diseñar la ciudad. Su propuesta, vista desde el aire, tiene forma de avión o de ave con las alas extendidas:
- El Eje Monumental, el «fuselaje», concentra los edificios del gobierno, los ministerios y la catedral.
- Las alas norte y sur agrupan las zonas residenciales, organizadas en «supercuadras» con edificios sobre pilotes, zonas verdes y comercios de proximidad.
Los edificios más emblemáticos los diseñó Oscar Niemeyer, el arquitecto brasileño más célebre del siglo XX. Suyos son el Palacio de la Alborada, el Congreso Nacional con sus dos cúpulas invertidas y sus torres gemelas, el Palacio del Planalto, la catedral con forma de corona de hormigón y vidrio, y el Palacio de Itamaraty, entre otros. El paisajismo corrió a cargo de Roberto Burle Marx.
Por qué la UNESCO la protegió tan pronto
La UNESCO inscribió Brasilia en 1987 al considerarla una realización única de los principios del urbanismo moderno defendidos por Le Corbusier y el movimiento moderno: separación de funciones (vivienda, trabajo, ocio, circulación), grandes espacios abiertos, prioridad del automóvil y arquitectura monumental de líneas puras.
Es, en la práctica, el mayor experimento de ciudad planificada del siglo XX llevado a término en su totalidad. Otros lugares del siglo XX figuran en la lista de patrimonio mundial, pero se trata de edificios, conjuntos urbanos o barrios, no de una ciudad entera concebida y construida en una sola operación. En eso Brasilia sigue siendo única.
Críticas y contradicciones
Brasilia también ha sido criticada desde el principio. Sus enormes distancias y avenidas la hacen poco amable para el peatón, y la separación estricta de funciones dificulta la vida de barrio. Además, el Plano Piloto se pensó para unos 500.000 habitantes, pero el Distrito Federal supera hoy los tres millones, la mayoría en ciudades satélite que crecieron fuera del área protegida, en muchos casos sin planificación.
Paradójicamente, la protección de la UNESCO ha contribuido a congelar el diseño original, lo que limita las reformas que podrían corregir algunos de esos problemas.
Brasilia en cifras
- Construida en unos 41 meses, de 1956 a 1960.
- Situada a unos 1.100 metros de altitud en la meseta central de Brasil.
- Es la tercera capital del país, tras Salvador de Bahía y Río de Janeiro.
- Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987, solo 27 años después de su inauguración.
Otros datos curiosos relacionados
- Oscar Niemeyer siguió trabajando hasta poco antes de morir, en 2012, a los 104 años.
- Otras capitales planificadas del siglo XX son Canberra, en Australia, y Chandigarh, en la India, esta última diseñada por Le Corbusier.
- Washington D. C. también fue una capital creada desde cero, aunque a finales del siglo XVIII.