Hacia comienzos de la década de 2010, alrededor del 30 % de la venta de música en el mundo ya se hacía a través de internet. Aquel dato, que hoy puede parecer modesto, marcaba un cambio histórico: por primera vez, casi un tercio de los ingresos de la industria discográfica no procedía de discos físicos, sino de archivos descargados desde una tienda en línea. Era el principio del fin del CD como formato dominante.
De la tienda de discos a la tienda digital
Durante casi todo el siglo XX, comprar música significaba comprar un objeto: un vinilo, un casete o un disco compacto. La industria se organizaba en torno a la fabricación, la distribución y la venta en tiendas físicas, y los ingresos alcanzaron su máximo histórico a finales de los años noventa, en plena era del CD.
El cambio llegó con dos fenómenos casi simultáneos:
- La piratería digital de finales de los noventa, con programas de intercambio de archivos que permitieron a millones de personas descargar canciones gratis en formato MP3.
- La aparición de tiendas legales de descarga, encabezadas por la iTunes Store de Apple en 2003, que ofrecía canciones sueltas por menos de un dólar.
La industria pasó años intentando frenar lo primero antes de aceptar que la solución estaba en lo segundo. Cuando lo hizo, la cuota de las ventas digitales empezó a crecer año tras año.
Por qué el 30 % era una cifra tan importante
Alcanzar casi un tercio de los ingresos a través de internet significaba que el modelo digital había dejado de ser una curiosidad para convertirse en una parte esencial del negocio. Y ocurría mientras las ventas físicas caían con rapidez: el crecimiento de lo digital no compensaba del todo el desplome de los discos, y la industria vivió más de una década de ingresos a la baja.
En algunos mercados, especialmente en Estados Unidos, la proporción de ventas digitales era ya bastante superior a esa media mundial. En otros, como Japón o Alemania, el CD siguió siendo mayoritario durante mucho más tiempo, por costumbres de consumo y por la fortaleza de sus redes de tiendas.
La canción suelta cambió las reglas
Uno de los efectos más profundos de la venta en internet fue romper el álbum como unidad de compra. En la época del CD, quien quería una canción solía tener que pagar por el disco completo. Las tiendas digitales permitieron comprar solo el tema que interesaba, algo que redujo el precio medio por compra y obligó a los artistas y sellos a repensar cómo lanzaban su música.
También cambió el papel de las listas de éxitos: las ventas digitales empezaron a contarse junto a las físicas, y más tarde se sumaron las reproducciones en línea.
Lo que vino después: el streaming
La descarga de pago fue la etapa intermedia. Pocos años después del momento en que internet representaba el 30 % de las ventas, el modelo volvió a cambiar con el streaming: plataformas de suscripción que no venden canciones, sino acceso a un catálogo casi ilimitado.
Hoy, la mayor parte de los ingresos mundiales de la música grabada procede del streaming, y las descargas, que parecían el futuro, se han convertido en un formato residual. Curiosamente, el vinilo ha vivido un resurgimiento y en algunos países vuelve a vender más que el CD, aunque como producto de coleccionista más que como forma principal de escuchar música.
Otros datos curiosos relacionados
- La iTunes Store vendió un millón de canciones en su primera semana de vida, una cifra que sorprendió a la propia industria discográfica.
- El formato MP3 fue desarrollado en Alemania a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, mucho antes de que existieran las tiendas digitales.
- El primer disco compacto comercial salió a la venta en 1982; su capacidad de unos 74 minutos se ha explicado tradicionalmente por el deseo de que cupiera entera la Novena Sinfonía de Beethoven.
- En la época dorada del CD, un disco superventas podía vender más de un millón de copias en una sola semana en Estados Unidos.